Mario Castellón, el Forest Gump salvadoreño, hace historia en EE.UU.

L.A.—Capital de la Diáspora — Recorrió más de 24,000 kilómetros, en millones de pedaleadas, tragando saliva para colmar la sed, aguantando calor, frío y lluvias, esquivando con la rueda delantera de su bicicleta víboras y cascabeles, lobos y coyotes, grupos antiemigrantes y otras criaturas peligrosas que se encontró por el camino.

Finalmente después de atravesar 31 estados de la Unión Americana y cuatro países de sur a norte, El Salvador, Guatemala, Honduras y México, Mario Castellón llegó, finalmente, triunfante jineteando una bicicleta a la madre de los emigrantes de la tierra de Cuscatlán: Los Ángeles, California.

Este hombre de sonrisa humilde y de músculos definidos decidió sacar su vieja bicicleta del garaje y tirarse a la carretera durante más de 5 meses para decirle al mundo: que ya está bien de redadas y capturas a inmigrantes indocumentados en sus puestos de trabajo por parte de la agencia estadounidense de Immigration and Customs Enforcement (ICE), que Estados Unidos necesita volver a ser una tierra de bienvenida, y no de acoso y derribo de gente inocente y que, por tanto, debe hacer una reforma migratoria integral para salvar la unidad de las familias trabajadoras, que cumplen con una función de desarrollo que nadie quiere aceptar o poner en su justo valor.

El trabajo de los inmigrantes en EE.UU. beneficia la estructura de precios y añade riqueza a su PIB y, además, sus remesas reemplazan la ayuda para combatir la pobreza, la cooperación y el desarrollo en una región del planeta que EE.UU. hace tiempo dejó en el baúl de los recuerdos y, por consiguiente, constituyen un elemento para ayudar a equilibrar el abismo de riqueza existente entre norte y sur.

Como el Forest Gump de Hollywood, solo que aquí la causa es de carne y hueso —más de 45,000 familias fueron desintegradas gracias a las deportaciones y redadas en sus puestos de trabajo por la agencia ICE en 2007.

Este compatriota originario de Santiago de María, Usulután, pero criado en San Miguel, ha decidido tomar cartas en el asunto migratorio, declarándole la guerra a la todopoderosa ICE de Estados Unidos bajo una forma bien peculiar: pedalear a través de los 5 países de la región más afectados por el fenómeno de la inmigración con una bicicleta de marca Cannondale al más puro estilo de la película Forest Gump.

Mario Castellón dice que conoció la injusticia desde temprana edad, cuando miraba a los guardias nacionales de la época “zarandear” a culatazos a los borrachos en su colonia natal, y estos recuerdos del fuerte contra el débil quizás la haya ayudado a templar su espíritu para solidarizarse con los marginados.

Su primera bicicleta la obtuvo en circunstancias trágicas. Su hermano Ricardo, reclutado por la Tercera Brigada de Infantería a la edad de 15 años, le había prometido una bicicleta con el sueldo de soldado en el ejército.

Con la guerra fuera de control, su hermano calló abatido en una emboscada en el oriente del país, doce meses después de haber sido reclutado antes de cumplir la promesa a Mario, su hermano pequeño.

El ejercito salvadoreño entregó unos pocos fondos a la madre de Mario, justo lo suficiente para comprarle al pequeño muchacho una BMX.

El trajinar por Nuevo México, se encontró con un nativo americano de la tribu Apache, descendiente del gran jefe Jerónimo, quien después de compartir su alimento con Mario, lo felicitó por su lucha noble y titánica en pro de los olvidados sin remilgo de los sacrificios personales que le han calado literalmente hasta el interior de los huesos.

En un parque solitario de Chicago, en donde había instalado su diminuta tienda de campaña, para pernoctar unas horas y recuperar el sueño perdido y las energías gastadas, fue cuestionado por un auténtico “red neck”, quien para más fregar hablaba bien el español.

El gringo le cuestionó si pertenecía a una organización política y que derecho le asistía para andar abogando por los indocumentados. A lo que Mario le contestó “yo tengo mis causas y son a título personal, buenas noches amigo”.

Cuando iba a marchas forzadas por una carretera secundaria del estado de Pensilvania, lo atacaron unos intolerantes con una lluvia de monedas de Abraham Lincoln, que se estrellaron contra sus músculos, lanzadas desde el interior de un auto a toda marcha.

Las siluetas de metal del presidente defensor de los esclavos rebotaron en su espalda asoleada y sudorosa, dejándolo en desequilibrio en medio de un bache. Allá calló al lado izquierdo de la cuneta, pero gracias a su casco protector nada grave le ocurrió y logró levantarse nuevamente para seguir su hazaña encima del monoplaza de dos ruedas.

Pero no todo ha sido un calvario, también han existido muestras de solidaridad por parte de hermanos, nativo-americanos, mejicanos, salvadoreños, europeos y blancos estadounidenses, quienes le han recibido con los brazos abiertos y brindado su apoyo moral y material en Nueva York, Ohio, Virginia, Dallas y Los Ángeles.

La próxima semana, después de un merecido descanso, partirá del Sur de California vía la frontera por donde se levanta el muro de acero para detener la ola emigrante proveniente del sur hacia Dallas, ciudad que alberga a sus dos hermanas, ahí pondrá fin a su causa personal en pro de los inmigrantes y rehacer su vida como carpintero, con la cabeza en alto, para ordenar sus recuerdos de la vida y el viaje y regalarnos en unos meses un libro de la proeza.

José Mario desde este blog te felicitamos y te decimos que nos sentimos orgullosos de tu esfuerzo en pro de los más débiles. Que Dios te acompañe, un fuerte abrazo amigo.

Salvador Sanabria es director ejecutivo de El Rescate

Fuente: [email protected]

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