Primeras damas: beneficio o inconveniente en la presidencia de EU

En Estados Unidos es innegable que las esposas de los presidentes, o primeras damas, han tenido enorme influencia en política y en la sociedad, aún cuando no ostentan un puesto de elección, carecen de sueldo y sus funciones no están definidas.

Parte de las responsabilidades de un primer mandatario es la toma de decisiones, “y una de esas decisiones clave para un aspirante a la presidencia puede hacer es con quién, él o ella, se casa”, señaló By Jill Dougherty, editora de la cadena CNN.

La compañera del presidente puede ser vista como un recurso valioso o como un inconveniente político a lo largo de las administraciones, es por ello que una gran parte del público juzgará a los presidentes por sus esposas.

Tradicionalmente, el público estadunidense ha visto con mayor simpatía a las primeras damas que no participan en política.

Por ejemplo, Jacqueline Kennedy conquistó a los estadunidenses al mostrar, impecablemente vestida en cadena nacional, las remodelaciones de la Casa Blanca que ella había dirigido.

La discreción de Laura Bush, de Rosalin Carter o Lady Bird Johnson fue muy bien recibida por el público estadunidense.

Pero Hillary Clinton, al tratar de imponer su plan de salud, o Nancy Reagan, de quien se dice irrumpía en las juntas de trabajo de su esposo y escandalizara al trascender que consultaba a un astrólogo para ayudar al presidente Ronald Reagan a tomar decisiones políticas, no siempre fueron bien vistas.

Eleanor Roosevelt dividió la opinión de los estadunidenses cuando participó en política defendiendo los derechos civiles, sin embargo el pueblo le admiró que tuviera mayor presencia pública después de que el presidente Franklin D. Roosevelt enfermara de poliomelitis.

Michelle Obama y Cindy McCain pueden ser las parejas políticas ideales de sus esposos, los candidatos la presidencia el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, pero también pueden constituir un desventaja para ellos a los ojos del público.

Cindy McCain, heredera de la compañía distribuidora de licores Hensley y Co., valuada en 100 millones de dólares, puede ser vista como la quintaesencia de una valiosa pareja para el republicano.

La señora McCain le dio a su esposo un estado, Arizona, por el que pudiera competir en puestos de elección popular, una fortuna y relaciones que impulsaron su carrera política.

Recientemente, Cindy McCain, de 54 años de edad, apoyó a su esposo cuando trascendió que sostenía una relación extramatrimonial con una joven cabildera en el Congreso.

Reportes de prensa indican que ella reorganizó la campaña de John McCain hace un año, cuando parecía que el republicano estaba fuera de la carrera presidencial por la deserción de sus principales colaboradores y la falta de fondos.

Sin embargo, la señora McCain ha lesionado en momentos la carrera política de su esposo.

Durante el escándalo denominado de los “Cinco Keatings”, trascendió que Cindy McCain y su padre hicieron inversiones con Charles Keating, donador de fondos de campaña.

El senador John McCain fue acusado de hacer cabildeo en favor de Keating, donador en sus campañas, cuyos fallidos negocios en préstamos y ahorros le costaron a los contribuyente miles de dólares.

Poco después, se hizo público que la señora McCain sustrajo calmantes de la organización benéfica que ella misma fundó porque sufría de adicción a esos medicamentos.

Cindy McCain ha declarado que la vida política de su esposo le ha representado obstáculos a remontar.

Durante los casi 30 años de matrimonio los McCain han vivido separados, él en Washington y ella en su natal Arizona, donde crió a sus cuatro hijos.

La señora McCain regresó a Arizona luego de que no se sintió bienvenida por las esposas de los congresistas en Washington, quienes creían que John McCain había dejado a su esposa Carol por una mujer más joven y rica.

Amigos de Cindy Mccain aseguran que a pesar de no sentirse muy cómoda en la campaña, ha luchado por la victoria de su esposo porque “realmente cree en que su esposo es el mejor hombre para el trabajo”, según un reporte del diario The New York Times.

Otros creen que ella ha invertido tanto en la carrera política de su esposo por décadas, que ahora ve ganar la presidencia como el “máximo premio a alcanzar”, añadió el diario.

Sin embargo, Cindy McCain se dice “la mejor amiga, consejera y más cercana confidente de su esposo” y asegura que apoya cien por ciento la campaña de su esposo pues espera que de ganar éste la presidencia sea “una buena experiencia en Washington”.

En tanto, Michelle Obama, es una abogada egresada de Princeton y Harvard. Sus raíces están en un barrio de clase trabajadora en Chicago.

Los Obama se conocieron en el prestigioso despacho de abogados donde el senador por Illinois había recién ingresado y le fue encomendado a ella para que lo asesorara.

Cuando Barack Obama decidió tomar parte en la carrera presidencial, Michelle tenía un mayor ingreso que su esposo, como administradora de un hospital en Chicago.

La prensa ha definido a Michelle Obama, de 44 años, como una mujer abierta, inteligente, franca y con un dejo de ironía en su fino sentido del humor. En términos políticos es más práctica que inspiracional.

El demócrata Barack Obama ha declarado que su esposa es “su roca”, la persona que lo mantiene enfocado y con los pies en la tierra y quien se asegura de mantenerlo en la realidad al recordarle sus labores de padre y esposo, más allá de las responsabilidades que contrajo desde que asumió la candidatura presidencial.

Pero la franqueza de Michelle Obama en ocasiones le ha ocasionado a los colaboradores de su esposo horas extra de trabajo al tratar de revertir el daño que pudiera ocasionar a la campaña ciertas declaraciones que hicieron controversia.

La señora Obama fue acusada de ser antipatriota cuando declaró en un evento de campaña “Por primera vez, en mi vida adulta, estoy orgullosa de mi país (.) porque creo que la gente está hambrienta por el cambio”.

Otras declaraciones, como hacer público que su esposo tiene mal aliento por las mañanas, que no recoge sus calcetines o no guarda la mantequilla, afectaron en menor medida la campaña del nominado por el Partido Demócrata, pero dieron de qué hablar por un tiempo.

Sin embargo, Michelle Obama puede ser un recurso favorable en la campaña de su esposo porque “conecta” con el público, no sólo cuando los fotógrafos dicen que no se volverán a lavar la mano después de saludarla, sino porque logra reunir miles de personas en eventos de campaña donde es la oradora principal.

La señora Obama ha sido comparada con regularidad con Jacqueline Kennedy, no nada más por su estilo elegante y sobrio en el vestir, sino porque se mantiene discretamente alejada de la toma de decisiones políticas en la campaña de su esposo.

Michelle Obama no tiene un asiento en las juntas de estrategia de campaña, no revisa los discursos de su esposo y no pasa horas solicitando fondos para la carrera presidencial del candidato demócrata.

Ella ha declarado: “necesitamos estar ahora en la campaña, mientras todavía estamos frescos y abiertos, sin miedo y con audacia (.) pero no a costa de la familia”.

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