Cosechar aceituna, arriesgada labor para los palestinos

Jerusalén.- La recolección de la aceituna se ha convertido en los últimos años en una auténtica quimera para los agricultores palestinos, que se ven expuestos durante esta época de cosecha a los incesantes ataques de los colonizadores judíos.

El preocupante fenómeno dejó hasta ahora una docena de heridos y cuantiosos daños para las familias afectadas, mientras las fuerzas militares israelíes -que supuestamente habrían de protegerlas- parecen poco dispuestas a poner fin a esta violencia.

“Quieren que nos vayamos de nuestras tierras para quedárselas ellos, para ampliar sus asentamientos”, afirmó a Notimex Nabil, un agricultor del distrito de Nablus, en la parte alta de Cisjordania, víctima de uno de los ataques.

Los principales incidentes se repiten en aquellas tierras y pueblos que “están más pegadas a los asentamientos”, y “no sólo en la época de recolección de la aceituna”, aseguró y añadió que incluso “entran por la noche para remover la tierra sembrada”.

Los asaltos de los colonos israelíes a agricultores palestinos son un fenómeno muy conocido desde hace décadas, pero desde que comenzó la Intifada de Al-Aksa, en 2000, cobró niveles preocupantes.

“Antes robaban equipos, destrozaban tuberías de riego, pasaban con grandes máquinas por los campos (.) ahora vienen en grupo a la luz del sol y si protestas o tratas de impedirlo acabas en el hospital o en el cementerio”, señala Adnan, otro pequeño agricultor de Nablus.

Las zonas particularmente sensibles son las regiones de Hebron y Nablus, donde están los asentamientos con población más extremista, pero también se han conocido casos en otras regiones de Cisjordania.

El problema llegó el fin de semana a las más altas instancias del gobierno en la Autoridad Nacional Palestina (ANP), a raíz de un ataque en Hebron en el que varios agricultores y cooperantes internacionales resultaron heridos.

El presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, valoró que la actual ola de violencia es muy peligrosa para la frágil situación de calma en la zona, y responsabilizó a Israel de no proteger a los agricultores, como sería su obligación al ser la potencia ocupante.

“Israel, particularmente los colonos, está lanzando una campaña organizada contra agricultores y campesinos cuya única fuente de ingresos son los olivos. Esto es intolerable”, dijo.

En la conciencia colectiva palestina, la tierra y los árboles son símbolos de identidad nacional, y los olivos, cultivo tradicional de la región, el máximo exponente de ese sentimiento.

Los olivares suponen 45 por ciento de la tierra cultivada en los territorios palestinos y en años de bonanza aportan entre 15 y 19 por ciento de la producción agrícola y sustento a unas 100 mil familias.

De ahí que cualquier intento de perjudicar a los agricultores no sea visto meramente como un ataque delictivo o un daño económico, sino que arrastran una carga emocional política y religiosa dentro del contexto general del conflicto palestino-israelí.

Frente a esta problemática, el ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, sostuvo que sus hombres “no pueden estar en todos lados” y condenó “los asaltos de hooligans” contra los campesinos palestinos.

En las últimas semanas, Israel dedica un mayor número de tropas militares en Cisjordania, en un “esfuerzo supremo” -según palabras de Barak- para luchar contra el fenómeno y facilitar la cosecha.

Algunos palestinos confirmaron que en campos sensibles vieron a soldados israelíes custodiando a los agricultores, pero aducen que no impide que los atacantes se trasladen a otro olivar no protegido.

Ni siquiera la presencia de los militares es a veces efectiva porque los colonos más extremistas, identificados en Israel como “Noar Hagevaot” (Los jóvenes de las colinas), no les tienen miedo y si tienen también que agredirles a ellos, lo hacen.

Estos jóvenes, que actúan a su libre albedrío como cualquier grupo delictivo, son altamente nacionalistas y sus provocaciones no tienen respuesta por parte de las autoridades israelíes ant

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