Internet: un antes y un después en el ejercicio periodístico

Por Gabriela Sotomayor.

Ginebra.- Cualquier periodista del mundo estará de acuerdo en que la irrupción de Internet marcó un antes y un después en la práctica cotidiana del “oficio más bello del mundo”, según lo describió el nobel colombiano Gabriel García Márquez.

Así, un día cualquiera en el Palacio de las Naciones, sede en esta ciudad de la ONU, se hace a periodistas la pregunta sobre cuál sería su vida y sobre todo su oficio si no existiera la red.

¿Qué haríamos sin Google, sin poder acceder archivos, sin recibir comunicados a la velocidad de la luz? ¿Qué sería de nosotros que vivimos pegados al ordenador? ¿Cómo podríamos sobrevivir sin poder leer de un tirón las primeras planas de los diarios más importantes del mundo?. Imaginé la tragedia que sería vivir sin el “cut and paste”; sin embargo, recorrí con la mirada la sala de prensa de la oficina de la ONU y topo con otros periodistas.

La mayoría de unos 45 años de edad para arriba se sientan con tranquilidad, sacan su libreta, una pluma, quizá traen un periódico bajo el brazo y algunos un café. Creo que son fieles seguidores de la filosofía que reza “la mejor memoria es el papel”.

Me acerqué a ellos y con cierta extrañeza escuchan las preguntas, ¿Cómo ha cambiado tu labor de periodista desde que existe internet? A los periodistas no les gusta que les pregunten, eso me queda claro. De inmediato la extrañeza, por qué, para quién, quién te pidió el trabajo, por qué me preguntas a mí. Pero, los periodistas también son solidarios y contestan. Gordon Martín, de 80 años, inglés, traje impecable, corbata, pañuelo en el bolsillo.

“Te voy a decir algo, yo no tengo Internet” y pega la carcajada al ver mis ojos del tamaño de un plato. “Llevo más de 30 años en este negocio, trabajé mucho tiempo para BBC y Reuters, lo mío es la radio, es mi pasión.

“Pienso en cómo han evolucionado las comunicaciones gracias al internet y veo a los corresponsales con sus computadoras que transmiten sus notas de manera instantánea hasta con video. íEs increíbleí”

En el 62 fui a Pakistán y teníamos que mandar la nota en clave Morse. ¿Sabes lo que es? me pregunta. En mis tiempos dependíamos básicamente del servicio de telefonía local.

En una ocasión, comienza a narrar, me enviaron a Irán a cubrir un gran banquete que ofrecía el Sha en las ruinas de Persépolis, pedí mi llamada para Londres y la operadora me dijo que tendría que esperar siete horas. En aquellos tiempos anteriores a los Ayatolas, dice sonriendo al referirse a la era previa al actual gobierno islámico, la bebida nacional de Irán era vodka con limón.

Para cuando me dieron la llamada, había tomado tantos que no podía pronunciar la frase “two thousand five hundredth anniversary” (aniversario 2 mil 500) que era lo que celebraba el Sha y les pedí a los del estudio en la BBC de Londres que lo dijeran por mí. En otra ocasión me enviaron a Libia cuando Kadaffi, continuó Martin, estaba sentado en mi habitación esperando la llamada por teléfono. Cuando de repente irrumpió en mi habitación un soldado armado con un rifle.

“Me preguntó qué era lo que había transmitido a Londres, le enseñé mi script, le dije que todavía nada y en eso entró la llamada. “A la hora que contesté hizo un movimiento para atrás y el cable del teléfono se enredó en el arma y se oyó el crash”.

Me preguntaron qué pasaba, “y les dije, bueno es que hay aquí un soldado armado muy pendiente de ver qué digo. En fin, ahora son otros tiempos.

“Llevo mucho tiempo en la ONU y si me hace falta un papel voy por él, hago mis entrevistas y si me pierdo alguna conferencia voy al estudio de radio y escucho la grabación.

Hasta ahora quizá no he reportado algunos sucesos, pero te aseguro que no serán los más importantes. Claro, dice pensativo, de repente me preocupo cuando nos dicen que los reportes de algún evento nos los mandarán por internet. Quizá algún día lo intente, yo no sé”.

Denis Rousseau, director de la Agencia France Press (AFP) en Suiza, mu

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