Atribuyen violencia religiosa en India a lucha de poder

Ciudad del Vaticano.- La violencia anticristiana que afecta a India tiene su origen en grupos que pretenden mantener el poder y no en el odio fundamentalista religioso, consideró Bernardo Cervellera, experto en temas asiáticos.

En la región de Orissa, donde grupos hindúes han quemado templos y asesinado a decenas de personas, los dueños del poder económico no quieren las conversiones de los “parias”, las castas más bajas de la sociedad, explicó.

El sacerdote del Pontificio Instituto Misiones Extranjeras (PIME) y director de la agencia católica de noticias Asia News señaló que “allí el cristianismo es un problema porque recluta a quienes viven situaciones de esclavitud”.

“Lo que pretenden con la violencia es mantener y bloquear el sistema social de estas personas, buscan eliminarlas porque como dice un proverbio indio: los parias valen menos que una mosca”, apuntó.

Cerverella habló en el marco de la presentación del Reporte 2008 sobre la Libertad Religiosa en el Mundo de la asociación de derecho pontificio dependiente del Vaticano Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) ante la prensa internacional en Roma.

Los terratenientes quieren una India fuera de la globalización, no desean una sociedad abierta porque no les conviene y así empobrecen a su país, estableció.

Cervellera indicó que la libertad religiosa tiene una influencia en el desarrollo social y por ello actualmente los ataques contra este derecho ya no se inspiran en ideologías extremistas sino en intereses de poder.

Puso como ejemplo el caso de China donde “se sofoca la libertad religiosa”, por ejemplo, con la “masacre” de tibetanos pero, al mismo tiempo, se pretende abrir a la sociedad a la globalización.

“China se encuentra en una encrucijada, por un lado tenemos a cientos de campesinos y comunidades sin tierras a causa de la especulación inmobiliaria y, por otro, la corrupción del Partido Comunista y de los políticos”, advirtió.

“Se puede provocar la ira de la gente –añadió-, China es una olla enorme que puede explotar con una rebelión”.

Ante este panorama el sacerdote ponderó que la religión puede abrir un diálogo entre el gobierno y el pueblo, aportar a la reconciliación nacional en una nación “dividida y tensa”.

Calificó a las olimpiadas, apenas organizadas en Pekín, como una “fachada perfecta y tersa” para un “patio trasero durísimo” que incluye obispos perseguidos, sacerdotes arrestados y encarcelados.

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