Encomia Papa mediación de Juan Pablo II en conflicto Argentina-Chile

Ciudad del Vaticano.- El Papa Benedicto XVI recordó la mediación de su predecesor Juan Pablo II que salvó la inminente guerra entre Chile y Argentina en 1978 y la calificó de “ejemplo admirable de construcción de la paz”.

En un mensaje enviado al arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, y dado a conocer aquí por la oficina de prensa del Vaticano el pontífice llamó la atención de la comunidad internacional sobre ese episodio histórico.

“(La mediación) muestra, junto a la paciencia y a la responsabilidad de las partes implicadas, cómo en todas las controversias el diálogo no perjudica los derechos, sino amplía el campo de las posibilidades razonables para resolver las divergencias”, estableció.

El escrito, firmado a nombre del Papa por el secretario de Estado de la Sede Apostólica, Tarcisio Bertone, rememoró el 30 aniversario de la llamada “mediación de Beagle” que conjuró una guerra chileno-argentina.

La Navidad de 1978 el gobierno militar argentino encabezado por el general Jorge Rafael Videla desconoció el fallo de la corona británica favorable a Chile en la disputa sobre un canal en la Patagonia, a la que ambos países se aprestaban a dirimir por las armas.

En el momento de máxima tensión militar, con tropas camino a la frontera, Juan Pablo II ofreció una misión de paz “para buscar juntos las posibilidades de una honorable solución pacífica del problema”.

Las negociaciones que iniciaron en ese año se extendieron hasta el 29 de noviembre de 1984 cuando los cancilleres Dante Caputo y Jaime del Valle pusieron fin a la disputa con la firma de un Tratado de Paz y Amistad en El Vaticano.

“El recuerdo de los acontecimientos de hace 30 años está indisolublemente unido a la amada figura de Juan Pablo II, muy comprometido en la búsqueda de la paz y de la concordia entre los pueblos argentino y chileno”, indicó Benedicto XVI.

La firma del acuerdo, agregó, deja en claro la vía “maestra y siempre actual” del diálogo, que tiene como finalidad no la supremacía de la fuerza y del interés, sino la afirmación de una justicia ecuánime y solidaria.

Por ello consideró necesario seguir recurriendo a la diplomacia y a sus métodos de negociación, que toman su fuerza del bagaje moral de los pueblos, dándoles confianza para garantizar la paz, la seguridad y el bienestar.

“Las nuevas generaciones, teniendo presente las lecciones de la historia, antigua y reciente, están llamadas a mirar al futuro con ojos de esperanza y a comprometerse en la realización de la civilización del amor”, concluyó.

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