John MCain y la Teología de la Liberación

Dijo Robert M. Pirsig alguna vez que cuando una persona padece delirios se le llama locura. Cuando muchas personas padecen de un delirio, se le llama religión.

La frase es una perfecta ilustración sobre la forma en que el partido republicano de los Estados Unidos ha logrado controlar la mente pública de los norteamericanos durante la administración que toca a su fin.

Y, justamente, en este epílogo ignominioso ha decidido acoger con su proverbial cordialidad a otro ejemplar de la misma especie, el clérigo presidente de Paraguay.

¿Porqué no pudo rehusar Fernando Lugo ser el último invitado del más infame de los presidentes contemporáneos de las últimas décadas?

Varios analistas se hicieron la pregunta en Paraguay, durante el último fin de semana, y las conjeturas que pueden tejerse como respuesta son variadas.

La primera que viene a la mente es que George W. Bush fue el financista encubierto de la mayoría de los movimientos que llevaron a la presidencia del Paraguay al obispo católico, con fondos del NED, USAID, IAF, etc.

Pero más allá de esos lazos de inocultable importancia, si existe un rasgo de profunda afinidad entre el obispo Fernando Lugo con George W. Bush, quienes hoy compartirán una reunión en Washington, es el fundamentalismo religioso como herramienta política, una de las pocas cartas que le queda por jugar al candidato de la Casa Blanca John Mc Cain.

Según un reciente artículo de John Dinges, John Mac Cain visitaba en secreto al dictador Pinochet en Santiago, tanto como el obispo Fernando Lugo se reunía con Pappalardo, Zucolillo, la familia Stroessner, etc., en busca de apoyo electoral para ganar las elecciones del 20 de abril en Paraguay, por lo que las coincidencias entre ambos se amplían.

Pinochet, McCain, el terrorismo y la prensa del obispo
Un cable desclasificado por Washington echó luz sobre una desconocida y “amistosa” cita entre el candidato republicano y Augusto Pinochet, en plena dictadura anticomunista en Chile y cuando Washington intentaba extraditar a los culpables del asesinato de Orlando Letelier.

Paralelamente, una de las más insistentes acusaciones de Mc Cain a Obama durante la campaña actual para las elecciones de noviembre en Estados Unidos ha sido la supuesta facilidad para reunirse con terroristas del candidato demócrata, algo de lo cual el candidato de Bush hubiera evitado hablar en voz alta.

Codearse con terroristas es casi una costumbre tanto para los amigos republicanos de Posada Carriles, que desviaron fondos del narcotráfico para financiar a Ben Laden en Afganistán, tanto como para el aliado teocrático de George W. Bush, el obispo católico Fernando Lugo

En el mundillo de los periodistas abocados a escribir sobre el Operativo Cóndor, Conrado Pappalardo es un nombre que suena familiar.

Se trata del personaje que se involucró en el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, en 1976, gestionando pasaportes paraguayos para los asesinos.

También es un empresario fuertemente vinculado al diario ABC color, quien ofició de guía turístico del obispo Fernando Lugo en New York, cuando éste visitó la gran manzana para disertar en la ONU.

El proveedor de pasaportes
Conrado Pappalardo, era entonces un influyente diputado oficialista, antes de bajar el perfil a raíz de las investigaciones que se le abrieron por el asesinato del vice-presidente Luis María Argaña en marzo de 1999.

Estamos hablando de la misma persona que, desempeñándose como jefe de Protocolo de la Cancillería de Alfredo Stroessner, en julio de 1976 presionó a George Landau, el embajador de Estados Unidos de la época —invocando “un favor” solicitado a Stroessner por su colega Augusto Pinochet—, para que obtuviera sendas visas en dos pasaportes paraguayos falsos a dos supuestos empresarios cuyos nombres eran Juan William Rose y Alejandro Romeral.

El verdadero “negocio” de estos hombres, cuyos verdaderos nombres eran Michael Vernon Townley y Armando Fernández Larios, era asesinar a Orla

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