¿Qué pasó en Wall Street con la economía de mercado?

Carlos Girón S.

Ésta fue la pregunta que retumbó en todo el mundo frente a los acontecimientos en Wall Street —símbolo emblemático del capitalismo— con la estrepitosa quiebra de centenarios bancos y compañías aseguradoras, y cuando se ha escuchó un estentóreo clamor de los banqueros pidiendo la intervención del Estado para que acudiera a su rescate, a lo cual finalmente se vio forzado el Gobierno estadounidense según se dijo para conjurar más graves consecuencias.

Pero, ¿qué pasó? ¿No que el libre mercado es autosuficiente, capaz de autorregularse y ajustarse a sí mismo con sus sabias e infalibles reglas, sin necesidad de un Estado interventor que más bien sirve para distorsionar las cosas e impedir el “perfecto funcionamientoâ€? de la economía?

Ha sucedido a la vez que como aquellos grandes bancos y aseguradoras tienen tentáculos por todas partes, el impacto golpeó también a las economías de la mayoría de naciones en los cinco continentes, provocándoles grandes pérdidas. Como en Wall Street.

Todos coinciden en decir que ha sido otro terremoto financiero igual o peor que el de 1929.

Por supuesto, nadie se alegra de tal hecatombe, principalmente por el daño que han sufrido miles de familias estadounidenses y de otras nacionalidades que han perdido casas que estaban pagando con hipotecas, y aquellas que también han perdido ahorros invertidos en acciones bursátiles, así como por los miles y miles de personas que han quedado sin trabajo por el cierre de empresas.

Debido a la repercusión del terremoto en Europa, los gobernantes de los países que forman el G-4 (Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, los países más desarrollados e industrializados de la región) se reunieron de emergencia en París para considerar la situación y las medidas que podrían adoptar sus gobiernos para también apoyar a los bancos. Al final de la reunión fue lo que se acordó.

Pero hay aspectos muy remarcables en la actitud de los gobernantes europeos y los acuerdos a los que arribaron, entre los cuales estaba el apoyo a las entidades bancarias y financieras, pero también –y aquí está lo remarcable— el compromiso de los jefes de Estado de sancionar a los directivos responsables de las empresas en quiebra allí en Europa.

Esto da pie para que se pueda pensar que ha habido manejos o prácticas dudosos o sospechosos de alguien, que han provocado una crisis de colosales dimensiones, histórica.

En el caso estadounidense se dieron noticias de que el FBI (Buró Federal de Investigación) iba a investigar los móviles que haya habido detrás de las operaciones financieras multimillonarias que desencadenaron la debacle de Wall Street.

En torno a esto ha habido algunos políticos que sin ambages han declarado que la avaricia y el afán de lucro de muchos banqueros están de por medio en el problema.

Como un simple ejemplo de ello, en un artículo reciente publicado en La Prensa Gráfica, el columnista Tomás Eloy Martínez señalaba el caso de un banquero, Richard Flud, quien ganó el año pasado un salario de 45 millones de dólares como director ejecutivo del banco Lehman Brothers, cuya quiebra fue el detonante del estallido casi atómico en Wall Street y el resto del mundo.

Aquí en nuestro país se ha mencionado una multimillonaria evasión de impuestos de varios de los principales bancos, la cual presuntamente les habrían perdonado las autoridades fiscales. Eso, de ser cierto, aunque se haya tratado de desvirtuar, puede tener repercusión en los gastos presupuestarios de la Nación.

Es sabido que la avaricia y el afán de lucro son dos de las “virtudesâ€? del capitalismo o economía de mercado. Se ha visto allá como se ve aquí en nuestro país y en muchos otros: en el afán de obtener grandes ganancias, los entes financieros empujan a empresas, corporaciones y personas particulares a endeudarse de una u otra manera.

Es tal que envían muchas cartas diciendo a los destinatarios que tienen tantos miles de crédito pre-aprobado y que pueden retirarlos ¡de inmediato!

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