La cumbre de presidentes

La cumbre de presidentes en El Salvador es un acontecimiento importante para nosotros. Da a conocer a nuestro país, lo convierte en centro de atención por unos cuantos días, abre nuevas relaciones, interés por nuestro suelo, renovadas miradas hacia nuestra realidad.

Por esa razón no debemos politizar lo que no es un tema electoral. Y sin embargo, algunos amantes del «show» y del espectáculo pueblerino ya empezaron a montar el numerito desde hace algunos días.

Los períodos preelectoreros semejan a un virus. Como que entrara en la sangre y provocara reacciones especiales, secreciones no queridas ni normalmente bien vistas, ruidos, toses y estornudos de la más diversa especie.

El caso más patente lo tenemos en todo lo que ha versado sobre el presidente Chávez. No vamos a decir que Chávez sea un santo, ni mucho menos. Pero montar una campaña de propaganda política contra el FMLN utilizando sistemáticamente a la figura de Chávez, e insultándole, no es la mejor manera de invitar a un presidente a que llegue a una cumbre en determinado país.

Esa campaña da mala imagen de El Salvador. Y en la medida en que el partido ARENA no se desmarque públicamente de ella y la critique, también da mala imagen de ARENA.

Muy poca gente cree en la versión que da Chávez de un posible atentado contra su persona. Y todos sabemos el modo folclórico, con frecuencia insultante y provocador con el que este militar se desenvuelve. Todo un estilo que, por más de izquierda que se diga, no escapa, y con razón, al apelativo popular y despectivo de chafarote, que usábamos contra los militarones brutos de derecha.

Pero de ahí a presentarlo como un peligro para la patria salvadoreña, un enemigo declarado de El Salvador, un neoimperialista que nos colonizará, que todas esas tonterías se dicen, hay una gran distancia.

En ese sentido, aunque no creemos que tenga viabilidad un atentado contra su persona, tampoco deja de tener racionalidad que no quiera venir quien se siente insultado sistemáticamente por la propaganda cercana a un partido, que resulta que es el que está en el poder en El Salvador. Ir más allá de eso en los análisis es buscarle demasiados pies al gato.

Lamentablemente la campaña propagandística contra Chávez ya se produjo, y ciertamente con el apoyo, no sé si tácito o explícito, de ARENA. También lamentablemente Chávez ha decidido no venir por razones que consideramos, al menos, discutibles.

Ahora lo que debemos hacer es celebrar esta cumbre con sensatez y sin politiquería barata. A los presidentes que vienen a la cumbre no les interesa ver cómo peleamos electoreramente, cual si de perros y gatos se tratara.

En medio de los logros y de los fracasos que el país ha tenido, lo lógico y esperado es que contemplaran un país debatiendo seriamente su futuro. Es normal que el partido en el gobierno enfatice sus logros y que la oposición enfatice los fracasos o lo que queda por hacer, que todos sabemos que es mucho.

Pero si el debate estuviera dirigido por el rigor racional y no por la imprecisión apasionada de los sentimientos, El Salvador quedaría mucho mejor ante los ojos de nuestros visitantes.

Y capacidad de racionalidad la hay. En las diferentes mesas de trabajo en las que nos ha tocado a muchos estar, los niveles de diálogo han sido excelentes. Y han estado en esas mesas, comisiones, reuniones, etc., miembros de la sociedad civil.

Pero también de ARENA, del FMLN y del resto de partidos del panorama político salvadoreño, tratando los problemas patrios como personas realmente civilizadas e interesadas en el bien común salvadoreño. Pero se ve que cuando llegan las elecciones, el virus del poder cambia mentes, actitudes y comportamientos.

La sociedad civil hará sin duda sus propuestas durante la cumbre. Algunas inaceptables, como las que pueden ir en contra de la vida humana en cualquiera de sus etapas. Otras muy lógicas y coherentes con las necesidades de nuestros pueblos. Más justicia, más equidad es un clamor latinoamericano.

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