Brindan Fuentes y Alatriste “por las zonas sagradas compartidas”

* Recuerda cuando presentaron “El naranjo” en un cabaret donde trabajaban prostitutas

Por Miguel Angel Ceballos

México, 3 Nov (Notimex).- Tras el sonido que produce el choque
de las copas de Martini, Carlos Fuentes y Sealtiel Alatriste brindan
“por las zonas sagradas compartidas”. Es diciembre, el domingo
anterior a la Navidad y están en la casa de su colega Hernán Lara
Zavala, en la Ciudad de México.

Los acompañan los escritores Ignacio Solares, Gonzalo Celorio,
Rafael Ramírez Heredia, Vicente Quirarte y Juan Villoro, sus esposas
y algunos de sus hijos. La figura central es Carlos Fuentes, quien
durante seis meses se dedica a su trabajo literario en la ciudad de
Londres, pero el resto del tiempo le gusta viajar por el mundo y
visitar a sus amigos en México.

“Zona sagrada”, dice Sealtiel Alatriste, es la obra de Carlos
Fuentes que más le ha influido y tal vez uno de los definitivos en su
vida de lector porque fue el libro que leyó cuando se dio cuenta de
que quería ser escritor.

Los motivos, describe el narrador, van más allá de la anécdota
misma y tienen que ver con el estilo, la manera de construir la
historia, la técnica narrativa e inclusive de que se trate de un tema
muy cercano a su literatura, como es el cine mexicano y los artistas
en relación a la vida cultural.

“He sido un fanático del cine nacional desde muy pequeño, y que
Zona sagrada” estuviera inspirado en María Félix, en la relación con
su hijo y en el glamour de las divas mexicanas, me atraía mucho. Es
una novela experimental en algún sentido, no fácil, es su época quizá
más experimental.

“Mientras la leía me di cuenta de que si uno quería ser escritor
tenía que tener una voluntad de estilo, no era sólo de contar las
cosas directamente, no era sólo elegir un tema y contarlo, sino que
había una intención de contar algo paralelo a lo que estas narrando”.

Luego de leer ese libro, Alatriste se convirtió en un cazador de
los eventos donde se encontraba Fuentes. Se impresionó, por ejemplo,
cuando en 1966 lo vio llegar al Palacio de Bellas Artes tomado del
brazo de la bailarina Yolanda Montez, mejor conocida como
“Tongolele”, quien lo acompañaba al ciclo “Los narradores ante el
público”.

Sigue.
Brindan Fuentes. dos. público.

Luego, en 1968, se coló al cóctel que Fuentes le organizó al
escritor William Styron en la cantina La Opera, en el Centro
Histórico de la ciudad de México, cuando el país se recuperaba de la
resaca que significó el 2 de octubre.

“Yo era un chamaquito que estaba en el segundo año de la
Facultad de Filosofía y Letras, y estaba cautivado por los grandes
escritores. Recuerdo haber visto ahí a Carlos Fuentes como la gran
figura de la literatura mexicana. Esta idea del escritor como
personaje público que sabe todo, que tiene una participación en el
mundo cultural amplio, me dio un modelo. Fui formándome viendo a
Carlos Fuentes”.

Sealtiel Alatriste fue el responsable de que Fuentes dejara el
Fondo de Cultura Económica e hiciera de Alfaguara su casa editorial.
Cuando Fuentes escribió “El naranjo o los círculos del tiempo”,
Alatriste ya dirigía este sello.

“Me propuse publicarlo, así que me presenté en su casa y le dije
que queríamos trabajar con él. Me dijo que siempre había publicado en
el FCE, y le dije: Nosotros te ofrecemos esto, danos la oportunidad,
vamos a hacer un lanzamiento muy importante en América Latina y
España, danos la oportunidad de invertir mucho en promoción y todas
estas cosas”.

Tras una negociación que obviamente incluyó a la agente
literaria de Fuentes, Carmen Balcells, Alfaguara consiguió publicar
“El naranjo”.

“Trabajé ese libro muy cerca de él, le comenté mis opiniones y
algunas las tomó en cuenta y otras me explicó por qué no. En ese
momento yo ya había escrito varias novelas, Carlos ya me conocía como
escritor, y aquélla relación que tuve con Zona sagrada”, de aprendiz
que trataba de descubrir la literatura a través de libro, se
transformó cuando pude leer los manuscritos

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