El precio de Mandar

Los libros ayudan a triunfar, pero sobre todo si son de contabilidad u otra técnica precisa en la que claramente no hay espacio para la poesía.

¿Cómo serán las cuentas reales de los dos grandes partidos americanos en liza? No lo sabremos nunca, pero las que ambos reconocen dan un tremendo e inequívoco escalofrío, McCain cerca de $300 millones y Obama más de $600 millones.

¿Hay realmente tanto yanqui dispuesto a soltar ríos de dólares a condición de no mojarse? Desde la antigüedad de Cayo Clinio Mecenas, ministro y amigo del emperador Augusto, no se habían juntado tantos benefactores, pero al fin y al cabo aquel adinerado patricio escogía bien: protegió a Horacio, a Virgilio y a Propercio, entre otros, pero los mecenas americanos deben limitar su generosidad a dos hombres en particular, uno negro, salido de la clase humilde raramente llamado Barack y el otro, blanco mucho más afluente, prominente de la clase alta llamado con más normalidad John.

Sus generosidades son enormes y su desinterés, teóricamente, está puesto al interés de los demás, pero las cantidades en cuestión de esa codiciada materia verde son astrales, precisamente en un momento en el que el dinero ha adquirido costumbres malditas y subterráneas.

La gente normal, que a veces tiene buen sentido, aunque ya sólo le vaya quedando el sentido de la nostalgia de tiempos más felices, se pregunta como es que llegar al poder se ha puesto tan sofisticado y costoso en algo que todavía llamamos democracia.

En las elecciones norteamericanas se han batido todas las plusmarcas. Mandar en la nación más poderosa del mundo requiere tener mucho dinero y buen intelecto. Paradójicamente lo ha venido haciendo, estos últimos 8 años, un hombre de talla media, con mucho de lo primero pero nulo en lo segundo.

La masa encefálica del actual inquilino de la Casa Blanca tiene el mismo valor que su relevancia en estas elecciones: cero. Todo el mundo quiere alejarse de él. Se ha vuelto un real lastre político.

Lo más triste es el papel de nuestro presidente, Elías Antonio Saca, le ha sido un perro fiel hasta sus últimas horas, lo que no dice mucho de su propio intelecto (que lo tiene y, a veces, muy fino), pero sí de capacidad de ser leal en este caso a alguien que sinceramente no lo merece.

Claro que él accedió al poder de forma hereditaria en el primer término y, luego, sus tuertos compatriotas reincidieron en el segundo. Gane quien ahora habrá que felicitarse porque no volverá a ganar el que ha sido reconocido, por mayoría absoluta, como el presidente más absolutamente incapaz de la Historia de su vasto y glorioso país.

Gracias Sr. George W. Bush, cuídese.

Fuente: [email protected]

You must be logged in to post a comment Login