Desborde de locura en las calles de Washington tras el triunfo de Obama

Miles de eufóricos afroamericanos, blancos, latinos y de todas las razas bailaron, gritaron consignas, se daban la mano y se abrazaron —aún sin conocerse— para celebrar en las calles del corazón de Washington el triunfo del senador Barack Obama como presidente electo de Estados Unidos.

El desborde de locura colectiva llegó hasta la propia Casa Blanca, donde decenas de miles de personas, muchos de ellos con carteles en sus manos y gritando consignas en contra de la administración Bush y vivando al futuro “presidente Obama”, permanecieron hasta altas horas de la madrugada del 5 de noviembre.

“¡No más Bush! ¡Queremos cambio! ¡Sí se pudo! gritaban los miles de simpatizantes de Obama, algunos de ellos todavía humedecidos por la lluvia que cayó al poco tiempo de confirmarse el triunfo demócrata a las 11 de la noche del 4 de noviembre.

Otros washingtonianos celebraron en sus casas, restaurantes y hoteles como la que tuvo lugar en el Hotel Madison —a pocas cuadras de distancia de la Casa Blanca— organizada por el partido Demócrata, y donde se pudo presenciar la diversidad que selló la victoria del futuro inquilino de la Mansión Presidencial.

Entre ellos se encontraba el empresario salvadoreño Daniel Flores, que también se unió a la euforia de más de doscientas personas, que abarrotaron los salones del hotel reservados para el evento. “Este acontecimiento merece celebrarse a lo grande”, enfatizó Flores.

Muchos de ellos luego se unieron a las celebraciones en calles y avenidas al compás del ensordecedor ruido de cientos de automovilistas y pasajeros, que activaron las bocinas de sus autos —o de los altoparlantes— y saludaban alegremente a cuantas personas encontraron en su camino.

Otros celebrantes —como ocurrió en la esquina de las calles U y 16, cerca del barrio latino de Adams Morgan— salieron de sus casas con cacerolas y cucharones en mano, para bailar y gritar hasta la locura mientras los automovilistas que pasaron ese momento, sonaban sus bocinas en señal de apoyo.

¡Obama, Obama, Obama! fue el nombre que más se escuchó por todos los rincones de la ciudad.

Pero hubo algunos como Miguel H., un hispano recién llegado al área de Washington, que por algún motivo simpatizó con la fórmula McCain-Palin, pero que de todos modos asistió el Hotel Madison y luego estuvo frente a la Casa Blanca hasta las 2 de la madrugada, para luego retirarse a su casa en Silver Spring, Maryland.

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