Presidente Barack Hussein Obama

Cuando todo el mundo creía que el Estados Unidos de George W. Bush, se había convertido en un caso permanente de país defensivo, hostil, cerrado, arrogante, egoísta, ultra conservador, ensimismado sólo en su propia seguridad, muchas veces a costa de los demás, sale, de una barriada destartalada de Chicago, un tipo desconocido, de tez oscura, que dice ser “un organizador comunitarioâ€?.

Hijo de padre inmigrante de raza negra y madre blanca de clase media, que en, algún momento, vivió de las penosas, pero vitales, food stamps —ayuda estatal para alimentar a niños menores—, a repetirle al mundo, su frase favorita, estos últimos 2 años, “YES, WE CANâ€?, después de ser proclamado por la maquinaria mediática estadounidense “Presidente Electoâ€? del imperio, en una fecha que quedará en la memoria colectiva como una noche formidable, emotiva, democráticamente bella e histórica.

Sólo en un país como Estados Unidos, una nación en muchos aspectos decadente, podría ocurrir algo así: un hombre negro se avienta a atrapar el cielo y sorprendentemente lo consigue.

Si Aristóteles estuviera entre nosotros en este momento, probablemente se vería obligado a cambiar su célebre cita sobre la realidad, por otra ligeramente distinta, pero igualmente contundente: “La única verdad es ese hombre de raza negra hablando con el corazón desde ese atrilâ€?.

Los calambrazos y escalofríos que ha causado don Barack Hussein se han notado en todo el mundo. En cierta forma, su triunfo no sólo representa a los de su raza, sino a toda la humanidad.

El monstruo de la dialéctica sofisticada, el mejor ejemplar de hombre negro evolucionado casi a la perfección, el mago del cambio, sobrepasa el reclamo, la marca, el ícono, lo técnicamente denominado en los partidos como “figura política altamente mediáticaâ€?.

Ese animal urbano, desafía las reglas básicas del marketing, de la elocuencia, la elegancia, la persuasión, los gestos, las miradas, el arte de la comunicación y el lenguaje de los políticos contemporáneos.

A sus 47 años, este mamífero bípedo, de orejas sobresalientes, se aproxima temerariamente al superhéroe, al ídolo, al mito, a una especie de fantasma real compuesto de la mezcla de figuras de la talla de Martin Luther King, John F. Kennedy y Robin Hood.

Auténticos parisinos, londinenses, moscovitas, berlineses, se han echado a la calle a llorar con emoción por el resultado, como lo hacía, en el momento de su discurso, el reverendo Jesse Jackson, la reina de la TV, Oprah Winfrey, o el ex secretario de Estado, Colin Powell.

Hay un delirio mundial
En Wankai, un particular pueblo al occidente de Australia, los aborígenes organizaron una votación paralela. Ganó el mismo hombre negro con más del 100% de los votos emitidos.

El fallo probablemente se debió al doble conteo de alguna de las tablas de madera utilizadas como papeletas electorales en el escrutinio.
En Barcelona un artista pintó en las afueras de la ciudad una cara gigantesca de Barack Obama que se puede ver desde el espacio con el Google Earth.

En la Casa América, en Madrid, el resultado también fue abrumador, donde el hombre de media descendencia keniata obtuvo el 80% de los votos emitidos en una fiesta simbólica en honor a la Democracia organizada por la comunidad estadounidense en España.

El embajador de Estados Unidos en aquella ciudad, Eduardo Aguirre, quien presidió la mesa de las papeletas, se mostró confiado por que, en todo caso, “ha ganado la democraciaâ€?, aunque su voto, admitió, “fue para el partido republicano al que pertenezcoâ€?.

La humanidad entera celebra el triunfo de este abrillantado muchacho de raza negra, nacido en Hawai, pero importado por el destino desde Ã?frica (Kenia), lugar donde han decretado “Día Nacionalâ€? en honor a su mesías político.

Barack Hussein Obama ha trastocado todos los esquemas históricos, todos los patrones políticos, todos los estereotipos raciales, incluso los cuadros más profundos como la fe, la ilusión, la esperanza, el propio sentido de la convicción, y, sobre todo, esa

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