.Carlos Fuentes, un comensal distinguido.Por Miguel Angel Ceballos

México, 10 Nov (Notimex).- La dedicatoria “Para mi restaurante
preferido, Bellinghausen, lugar de hazañas y recuerdos”, firmado por
Carlos Fuentes, representa uno de los tesoros de ese tradicional
restaurante ubicado en la Zona Rosa.

El escritor mexicano lo escribió entre 1970 y 1973 sobre una de
las páginas en blanco de su libro “Agua quemada”, editado por el
Fondo de Cultura Económica.

“Le preguntamos que si podríamos tener una dedicatoria, y no
precisamente en nuestro libro de autógrafos, y él fue muy amable al
aceptar. Entonces recortó la portada del libro que traía en ese
momento y nos la firmó”, recuerda César Rico, capitán de meseros del
restaurante Bellinghausen.

Según cuenta el mesero, quien trabaja ahí desde hace más de 35
años, Carlos Fuentes se reunía en ese restaurante todos los sábados,
entre 1969 y 1973, con un grupo de artistas entre los que recuerda a
José Luis Cuevas, José Agustín, Juan Soriano, Elena Poniatowska, José
Luis Martínez, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis.

“Para nosotros, el hecho que un personaje de esa calidad nos
visite es un gran premio, es lo máximo, nos sentimos como si fuéramos
reconocidos como él. Incluso creo que nuestros clientes, cuando llega
a venir una personalidad como Carlos Fuentes, se sienten al mismo
nivel porque están comiendo en el restaurante donde está sentado ese
destacado intelectual”, considera César Rico.

La mesa que prefería el escritor es la más cercana a la caja del
restaurante. Uno de los espacios más discretos de ese espacio que
hasta le fecha conserva su decoración original, caracterizada por la
elegancia y la sobriedad. Era común que el personal que ahí trabaja
tuviera que juntar varias mesas para hacer una sola en la que
departían entre 12 y 15 comensales.

“A veces Carlos Fuentes ordenaba un filete de robalo sin salsa,
nada más a la plancha, eso sí, muy fresco, con alguna ensalada o una
papa al vapor. Tomaba algún vino blanco o tinto, según los alimentos.
Pero en esas mesas más bien se trataba de un intercambio de
conocimientos. No eran ruidosos, no daban lata para nada”, recuerda.

“Eran personas impuestas a estar en los mejores restaurantes de
Francia o Nueva York, pero comían muy sencillamente, es decir, no
eran rebuscados en sus platillos porque además este restaurante no
tiene nada de rebuscado, sino calidad en lo que ofrece”, agrega el
capitán de meseros.

La dedicatoria está enmarcada y colgada en el muro contiguo a la
mesa que frecuentaba Carlos Fuentes en el Bellinghausen, pero no es
el único orgullo del restaurante: sólo a dos metros de distancia está
colgada una dedicatoria similar, hecha por Octavio Paz, el Premio
Nobel de Literatura, con quien alguna vez Fuentes compartió en ese
histórico lugar la mesa, el pan y la sal.

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