Muerto ambulante en los ganglios del sistema

Roger Jiménez*

Según el escritor Ennio Flaiano, ser italiano para muchos no es una nacionalidad, sino una profesión que no requiere muchos estudios, puesto que se hereda.

El país de los vientos –la bora, el lebeche, los alisios, el siroco, el mistral– también es la única nación en el mundo que incluye en su propio territorio a otros dos Estados: el Vaticano y San Marino.

En Marsica hay osos y en Cerdeña focas, así como el papiro en Siracusa. Venecia es más fría que Londres y también más calurosa que Casablanca, y en Cervinia cae más nieve que en la taiga siberiana. En este histórico y admirado país, amante del arte y bendecido por la naturaleza, nacieron la Mafia y el fascismo.

Pero, mientras que Mussolini era combatido y exterminado, la Mafia alcanzó su cénit y extendió su control de tal manera que, durante la segunda guerra mundial, los ejércitos aliados contaron con su apoyo para materializar el desembarco en Sicilia, con Lucky Luciano y Calogero Vizzini como piezas clave de este asombroso compromiso. A medida que avanzaban, las fuerzas aliadas designaban a muchos mafiosos alcaldes de las poblaciones conquistadas.

Sorprende el revuelo que han provocado las amenazas de muerte recibidas por el joven escritor Roberto Saviano, autor del libro Gomorra, en el que carga contra la Camorra (la versión napolitana de la Mafia) y sus prácticas delictivas. Saviano, un pentito (arrepentido) que había traficado con droga, recibe estos días el aliento y la solidaridad de la prensa italiana y europea.

Cabe preguntarse en qué han estado ocupados los periodistas y sus medios durante los tres últimos decenios, en los que la misma Camorra que auspició el fichaje de Maradona por el Nápoles y costea bodas y bautizos entre el vecindario, ha firmado el asesinato directo de casi 4.000 personas (más que el IRA y ETA juntas), además de las muertes por cáncer que producen los residuos tóxicos.

En el año 2000, los agguati (emboscadas) entre clanes rivales llegaron a dejar un saldo de tres muertos diarios en el Quartiere Spagnolo (barrio español) napolitano, sin contar los asesinatos a comerciantes por negarse a pagar la extorsión.

El sociólogo Giovanni Sartori no puede ser más pesimista sobre los avances mafiosos en este último periodo: “La Mafia, en sus diversos nombres y modalidades, llega incluso hasta Roma, y nadie dice nada.

Si me dejasen, yo hablaría todos los días en televisión sobre la Mafia; por ejemplo, sobre el sur que está explotando, lleno de basura. Hasta las carreteras huelen mal. Pero, silencio: la Mafia controla el negocio, impide la construcción de incineradoras, hace que media Italia se ahogue en la porquería.

Y nadie hace nada porque la Mafia controla los votos del sur…â€?. Efectivamente, la Mafia no se encuentra en los quioscos, sino que está confinada en las librerías, que destinan amplias y exclusivas secciones a los libros sobre la malavita (el hampa), a los que se ha unido, como otros tantos, el libro de Saviano. Pero no es lo mismo.

Además, en los libros de texto han sido censuradas las referencias al crimen organizado y sus tentáculos sobre la economía del país.

En la lucha contra la Mafia, el Estado italiano parece haber alcanzado el punto de no retorno y arriesga una histórica e ignominiosa derrota.

Aquellos que han combatido en esta guerra desde las primeras líneas han pagado un alto precio, y nunca han recibido del Estado un apoyo constante y tampoco el reconocimiento de prioridad absoluta que han merecido y merecen.

Peor aún, el teorema de que la Mafia estaba encastrada en los ganglios del sistema fue ratificado por Pietro Lunardi, ministro de Infraestructuras y Transportes en el segundo Gobierno de Silvio Berlusconi, quien declaró: “Mafia y Camorra han estado ahí siempre, por desgracia, y debemos convivir con esta realidad.

Una realidad que no nos debe impedir realizar nuestros proyectos de infraestructuras. Nosotros seguimos adelante con las obras y después, los problemas con la Camorra (se refería

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