Mostró Fuentes su camino para escribir “La región más transparente”

* El escritor clausuró en la UNAM congreso internacional en su honor

México, 15 Nov (Notimex).- El escritor mexicano Carlos Fuentes
compartió la víspera el camino que siguió para comenzar a escribir, a
los 25 años, en esta ciudad, su celebre novela “La región más
transparente”, acto con el que clausuró el congreso internacional
organizado en su honor en la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM).

De buen humor, visiblemente sano y entero en su porte, el
laureado escritor, ensayista y diplomático ofreció la conferencia
magistral “La novela de la ciudad y la ciudad en la novela”, por la
que desfilaron personajes, anécdotas, circunstancias y hechos que
delinearon su perfil del literato que es hoy.

Inició su alocución tras abandonar la elegante mesa colocada en
el centro del escenario de la Sala Covarrubias de la UNAM y caminar
hasta el micrófono dispuesto en el extremo izquierdo del tablado. De
pie y bebiendo agua para aclarar la voz con regular frecuencia, dijo
que comenzó a escribir poniendo vigilias, sueños y castidad a esa
novela que le llevó cinco años.

“Tuve una familia feliz e interesante. Amigos, maestros y
lecturas integraron mi proyecto de vida. A eso, tuve que sumar una
extraordinaria capacidad de adaptación, pues como hijo de diplomático
tuve la necesidad de viajar por diversas partes del mundo, estudiando
aquí y allá”, comentó Fuentes.

De esa forma, añadió, su primer colegio fue en Washington,
Estados Unidos. A pesar de que en la primaria fue Miss Florence, su
profesora de mejillas coloradas y sonrisa permanente, quien le enseñó
las primeras letras, él las había conocido antes, sentado en las
rodillas de “Alfonso Reyes”, entrañable amigo de la familia.

“En ese tiempo me sentía mensajero de México en ese país. El 18
de marzo de 1938, día en que se expropió la industria petrolera, mi
padre me explicó cosas sobre lo que pasaba en México y la relación
que existía entonces entre México y Estados Unidos”.

Lecturas como “La vuelta al mundo en 80 días” y “Los tres
mosqueteros” dijo recordarlas con cariño. Esas obras lo siguieron a
Santiago, Chile, a donde su familia viajó con valija diplomática. “Me
topé con un reino amazónico donde los muchachos éramos, apenas, los
zánganos, y las muchachas, las reinas”.

En esos años de juventud comenzó a leer a Cervantes y Quevedo,
“lección básica para mi propia escritura”. Entonces fue enviado,
comentó, a un colegio británico y caro en Chile, “donde se formaban
los cuadros de los mandos políticos y económicos del país en ese
entonces”.

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Mostró Fuentes. dos. entonces”

Recordó a su maestro Julio Durán, quien lo introdujo a la
literatura chilena, a través de los más hermosos relatos populares.
“Fue entonces cuando escribí mi primerisísima novela, en la gaceta
del Instituto Chileno. Se llamaba Estampas mexicanas”, muy
patriotera, pero eso sí, llena de las mejores intensiones”.

Fuentes abrió el abanico de su anecdotario personal para
recordar que en ese tiempo fue admitido en el equipo de fútbol del
colegio. “Me colocaron como centro delantero. y no abundo en las
decepciones que esa decisión provocó a los responsables del equipo”.
De ahí, lo cambiaron a cuidar los banderines.

Pero como tampoco dio el ancho, dijo, fue trasladado hasta la
última orilla del campo deportivo y de ahí, directamente al gueto de
los intelectuales. “Me confinaron al rincón de los que sólo les
interesaba leer y estudiar, sitio donde conocí a un amigo de apellido
Torrete, quien también influyó en mi futuro”.

La diplomacia lo llevó a Buenos Aires, Argentina, donde giraba a
su alrededor el tango, librerías e incipiente sexualidad. Tenía 16
años cuando regresó a este país para ser inscrito en el Colegio
Marista México. “Mi amigo Melchor Ortega fue otro actor de mi vida,
con quien escribí una novela que nunca terminamos”.

El también autor de “Aura”, “La muerte de Artemio Cruz” y otras
novelas de trascendencia mundial añadió que en México vivió con sus
abuelas, l

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