.Recuerdo del autor Marcel Proust se mantiene vivo entre sus lectores.

México, 17 Nov (Notimex).- Sobre la losa que guarda los restos
del escritor francés Marcel Proust, fallecido el 18 de noviembre de
1922, un seguidor anónimo dejó sobre su sepulcro una copia del libro
“En busca del tiempo perdido”, una piedra y una flor.

En el cementerio de Pére Lachaise, en París, un montón de
pequeñas rocas amontonadas a un costado de la lápida evitan que
viento se los lleve.

Estos objetos fueron colocados ahí tal vez como agradecimiento
por las letras de Proust en el referido título.

El escritor francés Marcel Proust, autor de la obra en siete
volúmenes “En busca del tiempo perdido”, considerada como una novela
cumbre de la literatura universal, nació en París el 10 de junio de
1871.

Perteneció a una familia adinerada que le permitió realizar sus
primeros estudios en el Liceo Condorcet, y siempre se movió en
ambientes refinados y aristocráticos.

Desde su niñez padeció asma, por lo que creció bajo los
excesivos cuidados de su madre, cuya muerte, en 1905, lo alejó por un
tiempo de las letras.

Aunque poco después comenzó la carrera de Derecho, pronto
abandonó sus estudios para dedicarse a escribir de tiempo completo.

A los 28 años de edad salió a la luz su primera obra, una
colección de ensayos y relatos titulados “Los placeres y los días”
(1896). En esta novela Proust mostró dotes de observador para
reproducir las impresiones recogidas en los salones de la ciudad.

A esta obra le siguió “Jean Santeuil”, sin embargo, la novela
que le elevaría como uno de los escritores más importantes de la
literatura moderna fue “En busca del tiempo perdido”, la cual es
considerada como una fotografía que plasmó a la sociedad parisina de
aquella época.

Se dice que Proust concibió esta novela a partir de que cierto
día regresó a su pueblo natal y, como cuando era pequeño, pidió
magdalenas para desayunar.

Cuando iba a comer la primera, el olor y el sabor de esta pasta
le evocaron rápidamente esos recuerdos de su infancia que parecían
olvidados.

Sigue
Recuerdo del autor. dos. olvidados.

Cuentan que este fue el motivo que lo impulsó a escribir “En
busca de lo perdido”, texto en donde el escritor plasmó con
minuciosidad la vida física y mental de un hombre ocioso que se mueve
entre la alta sociedad.

Se trata de un largo monólogo dividido en siete novelas, que en
muchos aspectos es autobiográfico.

La primera parte: “Por el camino de Swann” (1913) pasó
desapercibida. Cinco años más tarde apareció “A la sombra de las
muchachas en flor” (1919), que resultó un gran éxito y obtuvo el
prestigioso premio Goncourt.

Las partes tercera y cuarta, “El mundo de los Guermantes” (2
volúmenes, 1920-1921) y “Sodoma y Gomorra” (2 volúmenes, 1921-1922),
también fueron recibidas con éxito.

Las últimas tres partes que Proust dejó escritas antes de su
muerte fueron “La prisionera” (1923), “La desaparición de Albertina”
(2 volúmenes, 1925) y “El tiempo recobrado” (2 volúmenes, 1927).

Esta obra, traducida a numerosos idiomas, hizo famoso a su autor
en el mundo entero, y su método de escritura, basado en un minucioso
análisis de la psique humana, en las motivaciones inconscientes, pero
sobre todo en el amor.

Hoy se le valora como uno de los trabajos literarios más
valiosos del siglo XX, al tiempo que se le considera un pionero de la
novela moderna.

Otra novela descubierta y publicada tras su muerte, aunque
escrita entre (1895 y 1899), es decir, anterior a “En busca del
tiempo perdido”, es “Jean Santeuil” (3 volúmenes, 1952).

El escritor, a quien el asma y la depresión empezaron a formarle
el camino a la muerte, vivió casi encerrado en el número 102 del
Boulevard Haussmann en París, donde cubrió las paredes de corcho para
aislarse de ruidos y trabajar tomando café y comiendo muy poco.

La muerte, disfrazada de bronquitis, llegó finalmente el 18 de
noviembre de 1922, a los 51 años de edad.

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