Soy víctima de la obediencia: Carlos Monsiváis . Participó en el Homenaje Nacional a Carlos Fuentes .

México, 21 Nov (Notimex).- El escritor y cronista Carlos
Monsiváis se definió la víspera como una “víctima de la obediencia”,
porque al participar en el Homenaje Nacional al literato Carlos
Fuentes no debió hablar de él y ceñirse a una intervención de no más
de cinco minutos, lo cual cumplió parcialmente.

Durante la mesa “El arte de Ensayar I”, el también coleccionista
de arte popular citó a los autores que marcaron, o siguen marcando,
la definición precisa de lo que es el género literario del ensayo. En
ese sentido, enlistó a creadores como José Lezama Lima, Manuel
González y José Vasconcelos.

“Hablaré de quienes a lo largo del siglo XX fueron referente en
esta materia”, dijo, para advertir que esa centuria no se concibe sin
la presencia de “Los maestros de la juventud”, como los citados, así
como Enrique José Barona, todos ellos representativos de las letras
latinoamericanas.

Hasta la década de los años 50, añadió, fue José Ingenieros
quien marcó la idea “metashakespeareana”. Sin embargo, desde su
perspectiva de lector, es la figura de Vasconcelos, con su libro de
ensayos “La raza cósmica”, escrita entre 1921 y 1925, quien mejor
representa al género.

Monsiváis compartió la mesa, realizada en el Museo Franz Mayer,
en esta ciudad, con los también escritores Martín Caparrós y Luce
López-Baralt. El invitado ausente fue Federico Reyes Heroles y la
presidenta del encuentro, Angeles Mastretta se incorporó al coloquio
50 minutos tarde.

Al continuar con su ponencia, “improvisada porque se trata de un
tema que me enamora y apasiona”, el ensayista agregó que “La raza
cósmica” sostiene la tesis de la creación de una cultura que no
existe, producto de la fusión de la indígena y otras más, entre ellas
las venidas de Europa.

“Vasconcelos era claro al decir que el indígena era peso muerto
del que había que deshacerse”, comentó, para poner en relieve que a
ese texto le siguieron otros en el mismo tono, como “Visión de
Anáhuac”, un ensayo de prosa lírica sin parangón.

“Luego, en 1934, se publicó otro gran libro”, dijo al hacer
referencia a la obra de Samuel Ramos, “El perfil del hombre y la
cultura en México”.

Ante un auditorio que resultó inmenso para la cantidad de
público e invitados especiales que atendieron la invitación gratuita,
Monsiváis se refirió en seguida a tres escritores ensayistas de fino
linaje.
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Soy víctima de la. dos. linaje

“Jorge Cuesta, Salvador Novo y Xavier Villaurrutia representaron
a una nueva generación con visiones frescas, innovadoras, que al no
ser publicadas en libros, se redujeron y condenaron a morir junto con
el periódico del día”, comentó.

Para él, Villaurrutia fue un ensayista de primer orden, mientras
Novo fue creador de ensayos pequeños, aunque no por ello menos
importantes, “pero por tener un carácter periodístico y no literario,
no se tomaron muy en serio”, abundó Monsiváis.

Jorge Luis Borges, dijo sin embargo, “es el mayor ensayista del
siglo XX. Cada vez que lo releo, como gimnasia de la inteligencia, lo
encuentro extraordinariamente mejor, y descubro en cada página la
particularidad de su mente portentosa”, al lado de Cuesta, Novo y
Villaurrutia.

Finalmente, señaló que en la época contemporánea, además de
Octavio Paz y su “Laberinto de la soledad”, “es Carlos Fuentes uno de
los más grandes ensayistas de este país”. Y con ello, Monsiváis
faltó, sin querer, a su promesa de no hablar del autor de “Aura” y no
rebasar la línea de los cinco minutos.

Mastretta, presidenta de la mesa, definió al autor de “Amor
perdido” y “Nuevo catecismo para indios remisos”: “Carlos Monsiváis
es divino cuando escribe; cuando lee es tímido y hablando es
buenísimo”.

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