Concluye la misión más larga de un embajador de México en Vaticano

Por Andrés Beltramo Alvarez.

Ciudad del Vaticano.- Luis Felipe Bravo Mena concluyó la misión diplomática más larga en la historia de los embajadores de México ante El Vaticano, puesto que ocupó durante 38 meses.

El político fue el sexto representante mexicano ante el Estado Pontificio, y al terminar sus labores este martes dejó vacante una de las representaciones más jóvenes de su país en el extranjero.

A poco más de 15 años del establecimiento de relaciones entre la República Mexicana y el Estado Pontificio han pasado por Roma en total siete delegados de la nación latinoamericana, uno de ellos en calidad de “representante personal” del presidente.

Se trató de Agustín Téllez Cruces, quien permaneció de 1990 a 1992, año este último de la firma de los acuerdos con los que ambas partes normalizaron sus vínculos institucionales.

El primer enviado mexicano en calidad de embajador ante la Sede Apostólica fue Enrique Olivares Santana, quien presentó sus cartas credenciales al extinto Papa Juan Pablo II el 28 de noviembre de 1992.

A él lo sucedieron Guillermo Jiménez Morales (1995-1998), Horacio Sánchez Unzueta (1998-2000), Fernando Estrada Sámano (2001-2003) y Javier Moctezuma Barragán (2004-2005).

Luis Felipe Bravo Mena llegó a la capital italiana en la segunda mitad de 2005 y presentó sus cartas credenciales ante el Papa Benedicto XVI el 23 de septiembre de ese año, pocos meses después de la elección de Joseph Ratzinger como pontífice.

Nacido en León (Guanajuato) y licenciado en Derecho, arribó al Vaticano tras una larga carrera política que incluyó una diputación federal, una senaduría y la presidencia del Partido Acción Nacional (PAN) por dos periodos.

A pocos días de haber iniciado su misión como embajador le tocó ser testigo de la visita “ad límina apostolorum” de los obispos mexicanos, la reunión que sostuvieron todos los prelados del país con el Papa.

A lo largo de la gestión de Bravo Mena, la Sede Apostólica y México tuvieron momentos sobresalientes en sus relaciones bilaterales; el más importante fue la audiencia entre el presidente Felipe Calderón y Benedicto XVI en El Vaticano.

El 4 de junio de 2007 el mandatario cumplió una visita oficial al Palacio Apostólico de Roma acompañado por su familia y un nutrido séquito, que incluyó al extinto secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño.

Más tarde, en octubre de ese año el secretario papal para las Relaciones con los Estados, Dominique Mamberti, regresó la cortesía viajando a México para asistir a un congreso en el que se entrevistó con Calderón en la residencia oficial de Los Pinos.

Otro de los episodios destacables fue la muestra “Navidad Mexicana en El Vaticano”, gracias a la cual artistas regalaron al Papa adornos tradicionales que fueron colocados en diversos edificios del gobierno central de la Iglesia.

Para la apertura oficial de la exposición, Ratzinger recibió a la esposa del presidente, Margarita Zavala, quien le entregó las piezas a nombre del pueblo de México.

Una de las apuestas más importantes de Bravo Mena como embajador fue impulsar un viaje apostólico de Benedicto XVI a su país, posibilidad frustrada luego de la renuncia del Papa a asistir al Encuentro Mundial de las Familias.

En cambio el pontífice designó a su principal colaborador, el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, como su representante para la cumbre católica de enero de 2009 en la capital mexicana.

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