Annapolis: un aniversario desapercibido

Por Rubén Medina.

Jerusalén.- El jueves se cumplió un año de la Conferencia de Annapolis, en la que por primera vez se sentaron las bases para la paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), pero diversos factores eclipsan este primer aniversario.

Entre ellos destacan la crisis financiera mundial, el cambio de gobierno en Estados Unidos, los escándalos de corrupción en torno al primer ministro israelí Ehud Olmert, la actividad subversiva de colonos y las elecciones anticipadas en Israel.

En una zona donde la noticia se adelanta a los acontecimientos, fechas como las del 27 de noviembre pasan desapercibidas, y casi ningún medio de prensa israelí recuerda que la primera vez que se habló del hecho histórico de crear un estado palestino, fue allí, en la capital del Estado de Maryland. Hace exactamente un año.

Arropados por los principales líderes del mundo, y agasajados por el ahora saliente presidente George W. Bush, los líderes de Israel y de la ANP, Ehud Olmert y Mahmoud Abbas respectivamente, cambiaron el curso de la historia, a pesar de que los logros en el terreno son imperceptibles.

En la conferencia de Annapolis las dos partes reconocieron que sin la independencia palestina no habrá solución al conflicto de Oriente Medio, y, lo que es aún más, abrieron la puerta a la reconciliación.

“Desde el punto de vista israelí fue una conferencia histórica, fue la primera vez que se aceptaba llevar a la mesa de negociaciones cuestiones como la división de Jerusalén y la de los refugiados, un diálogo sin condiciones”, explica Efi Cohen, un activista político embarcado desde hace años en programas de diálogo.

“Las bases de ese proceso”, explica, “son ahora inamovibles, por mucho que en esta campaña electoral oigamos a políticos decir lo contrario”.

Cohen puede referirse a políticos como Benjamin Netanyahu o Limor Livnat, ambos del Likud, el favorito a vencer en las elecciones anticipadas del 10 de febrero de 2009, que destacan en todo momento que sus planes de paz son otros.

Pero son muchos, sobre todo en la derecha, los que como ellos no se comprometen con esa conferencia.

Ni con ella ni con los resultados alcanzados en 10 meses de negociaciones, que sin ser percibidos forman parte del punto de partido para futuros gobiernos.

Seis temas llegaron a la mesa de negociaciones en Annapolis: la fijación de fronteras, la evacuación de asentamientos, el regreso de los cuatro millones de refugiados palestinos, la división de Jerusalén en dos capitales, el reparto del agua, y las medidas de seguridad para Israel.

Poco se ha avanzado en la mayoría de ellos, confesaron a lo largo del año gobernantes de ambos bandos, pero las fronteras parecen estar definidas mediante un intercambio territorial que haga permanecer dentro de Israel a por lo menos dos tercios de los 250 mil colonos que viven en Cisjordania.

Parece poco en el terreno de lo práctico, pero en la perspectiva histórica es todo un logro, e imperceptible porque la fórmula sentada en Annapolis es que “nada está acordado hasta que todo se acuerde”.

Un resumen de esos logros fue presentado hace sólo unas semanas a los miembros del Cuarteto de Madrid, formado por Estados Unidos, UE, Rusia y ONU, para constatarlos, y quedar como base en futuros procesos. Esas bases son ya estables.

Oficialmente, el proceso de Annapolis no está roto, pero está aplazado hasta que las elecciones de febrero resuelvan quién gobernará Israel.

Si vence el partido Kadima, en principio Annapolis debe seguir a ritmo forzado. Si vence el Likud, podría sufrir nuevos retrasos y hasta paralizarse si no se lanza una enérgica acción internacional para salvarlo.

El único fracaso rotundo del proceso es el incumplimiento de llegar a un acuerdo en 2008, el plazo que Bush se fijó para salir de la Casa Blanca con al menos un logro importante en política internacional.

Ahora deberá decidir Barack Obama si retoma esas bases y con que ímpetu, siempre y cuando la coyuntura de crisis mundial se lo permit

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