Conquista a público capitalino la espectacularidad del Ballet Virsky.

* Cierra con “Jarabe tapatío” a la ucraniana

México, 29 Nov (Notimex).- Orgulloso de la estirpe que
representa, el Ballet Virsky de Ucrania llegó anoche al Auditorio
Nacional, para ofrecer una exquisita muestra de su cultura, pero
sobre todo del espíritu de sus pueblos, en un impresionante
despliegue de acrobacias y colorido.

En la que fue la primera de cinco funciones que ofrecerá en el
llamado coloso de Reforma, la agrupación que dirige Myroslav Vantukh
conquistó a la concurrencia, que si bien esta vez no fue tan nutrida,
sí fue lo suficientemente emotiva como para recompensar la destreza
de sus bailarines y músicos.

La gala comenzó con “Ucrania, mi Ucrania”, una especie de saludo
al público, en el que el ballet ofrece una probadita de lo que son
las danzas en diferentes regiones, cada una de las cuales tiene su
propio color y lenguaje.

“Povzunets”, una danza cómica cosaca, arrancó la primera gran
ovación de la noche, tras un gran despliegue de condición física y
flexibilidad a toda prueba.

En medio de una escenografía muy sencilla y un discreto juego de
luces, fueron desfilando cada uno de los 14 números coreográficos
previstos en el programa, que también incluyó “Hopbine” y “Hopak”, de
la ópera “Taras bulba”.

“Los diseños de Volynsk” cambiaron el ritmo vertiginoso que le
imprime al espectáculo la danza masculina y mixta, por la estética y
plasticidad que corre a cargo del cuerpo femenino del ballet, que con
espléndido vestuario cautivó una vez más al público.

“Kozachov” y “Los jóvenes de Kiev” devolvieron vitalidad a la
escena, llena de acrobacias, piruetas que desafían no sólo la
gravedad sino muchas veces incluso la vista del espectador que
disfruta de diversas figuras multitudinarias que se van formando con
excelsa precisión sobre el entarimado.

La primera parte del espectáculo cerró con “Suite Rusa”, que dio
un respiro a público y artistas, que luego de un breve intermedio
volvieron para ejecutar “Los Cárpatos”, narración dinámica de las
regiones (Gulsuschyna, Bukovyna y Zacarpattia), a través de canciones
al agua, al sol y las montañas.

“La muchacha de Podolsh” narra una historia de amor, en el que
intervienen tres jóvenes, de las que, aunque una de ellas se siente
infortunada, acaba por ser la de más suerte al encontrar enmedio de
su desventura al hombre de sus sueños.

Sigue

Conquista a público. dos. sueños

Los héroes ucranianos volvieron luego a llenar el espacio con
“Zaporochi”, un juego militar en el que aparecieron con vestuario,
armas y música del siglo XIX, mostrando la unidad nacional de esos
pueblos en la lucha por la libertad.

“Verbichenka” es una espléndida danza en la que se mira a un
grupo de mujeres mezclándose literalmente con la naturaleza, en un
cuadro que tiene mucho de clásico y que comienza y termina con la
figura de un árbol, formado por sus cuerpos.

“Moriaky” es una danza de marineros, en la que se rememora la
ingenuidad de estos personajes, con su deseo de independencia,
mientras que “Chumak” trae al escenario un cuadro de un antiguo
espectáculo de marionetas, en el que de nuevo la destreza de los
bailarines sale a relucir.

El final vino con “Hopak”, una coreografía en la que participan
los cerca de 100 bailarines y el solista O. Cheberko, artista
honorario de Ucrania, que desafía al resto de los ejecutantes con sus
piruetas.

Una tímida euforia del público de pronto se encendió cuando de
un costado del escenario aparecieron algunos rebozos y sombreros de
charro. La gritería y los bravos no se dejaron esperar, y sólo fueron
acallados por la orquesta y su versión de “El jarabe tapatío”.

Curioso resultó el número, espléndidamente bailado, pero con
trajes ucranianos que lo hacían ver extraño a los ojos de quienes
tienen arraigada la imagen del charro y la china poblana.

Al término, un largo aplauso de pie recompensó la entrega de
estos artistas, verdaderos atletas que derrochan energía durante las
dos horas que dura

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