No deje que la Migra arruine sus fiestas

Por Lic. Cecil Harrigan y Lic. Linda Hanten

La temporada de días feriados ya nos llega, y cientos de personas en el área metropolitana de D.C. estarán viajando fuera de Estados Unidos para visitar a sus familias y amigos en sus tierras natales.

Algunos serán ciudadanos naturalizados estadounidenses, otros tendrán sus “tarjetas verdes”, y otros puede que hayan recibido el TPS o beneficios de otros programas que les concedan el derecho de vivir y trabajar en Estados Unidos.

Vuelan a diferentes partes de Centro y Suramérica, llegando a sus pueblos para entregar regalos a sus seres queridos, compartir festines de comida casera, reír, querer, disfrutar la camaradería de antiguos conocidos; y quizás llorar, al dejar su viejo mundo para volver al nuevo.

Pero muchos de estos viajeros, una vez que estén de regreso, encontrarán que el Departamento de Seguridad Interna (DHS) no les permite salir del aeropuerto.

De hecho, de acuerdo a nuevas políticas, puede que nunca salgan de Estados Unidos, ya que el DHS tiene autoridad para tomarlos bajo custodia mientras esperan en cola para abordar el avión de salida.

Es más, puede que no terminen las cosas sólo en un feriado arruinado por encontrarse inesperadamente en una cárcel del DHS; eventualmente, podrían resultar en su deportación de Estados Unidos. Todavía peor: el DHS puede retener a alguien en la cárcel durante el proceso de deportación, el cual puede durar meses.

Cómo y por qué tales problemas le pueden tocar al viajero desprevenido es el resultado de políticas más agresivas del DHS hacia los no-ciudadanos con antecedentes penales.

Una condena penal, no importe de cuán poca cuantía o cuándo haya ocurrido, puede dar pie a la deportación. Los oficiales del DHS apostados en los aeropuertos tienen ahora acceso a los expedientes policiales locales y nacionales.

Cada persona que no es ciudadana será chequeado para determinar si tiene antecedentes penales; de ser así, será retenido para una investigación adicional. Esto sucede mayormente en el caso de los que vuelven de un viaje fuera del país, pero también puede ocurrir al salir de Estados Unidos.

Los ciudadanos naturalizados de Estados Unidos que hayan sido condenados por ofensas cometidas después de su naturalización no tienen que preocuparse: como ciudadanos estadounidenses, están inmunizados contra el ser expulsados.

Pero el DHS puede chequear para asegurarse de que toda condena que haya tomado lugar antes de la naturalización haya sido revelada, y, si no lo fue, ello pudiera dar base para revocar la naturalización e iniciar un proceso de deportación.

Los que más deben preocuparse son los que tienen tarjetas verdes o los que están en el país con otras visas. Sus posibles ofensas penales en el pasado pueden causar una investigación por parte del DHS o dar comienzo a un proceso de deportación.

Que si el DHS comienza una acción de deportación dependerá de la condena. Desafortunadamente, la mayoría de las condenas causarán la deportación. Los crímenes que no dan pie a la deportación son ofensas simples de conducir embriagado o de tomar una bebida alcohólica en público.

Las condenas por posesión de drogas, asalto, o robo, usualmente, aunque no siempre, causarán problemas. El tema es muy complejo, particularmente en esta área, donde D.C., Maryland, y Virginia a veces tratan la misma ofensa penal de forma diferente.

A muchas personas les sorprende saber que las ofensas menores dan igualmente base para la deportación. Equivocadamente, piensan que sólo un delito grave les puede causar problemas de inmigración. Similarmente, el hecho de nunca haber sido encarcelado no importa para propósitos de inmigración: igual Vd. puede ser deportado.

Otras personas no comprenden por qué una condena que tomó lugar hace décadas pudiera ser usada en su contra. Desafortunadamente, los hombres de mediana edad pueden ser deportados por crímenes cometidos cuando ellos eran jóvenes insensatos. Vale añadir que el que el DHS no

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