Washington se transformó en gigantesco mercado ambulante

En medio de una marea humana sin precedentes y de ríos de transeúntes en sus otroras apacibles calles, la ciudad de Washington se transformó en un gigantesco mercado ambulante de afiches conmemorativos, al estilo de una urbe del tercer mundo.

La elegante Unión Station, la estación central del ferrocarril que sirvió de punto de llegada de Obama el fin de semana, fue objeto de una invasión de vendedores ambulantes de camisetas, fotos autografiadas, prendedores, lentes multicolores, cuadros, gorras y pancartas.

“Pruébatela, pruébatela”, exclamaba un corpulento afroamericano para que los paseantes se vistieran una camiseta con el rostro prominente de Barack Obama y la bandera de Estados Unidos.

Un grupo de jóvenes blancos convirtieron pedazos de cartón en improvisados aparadores ambulantes en los que mostraban cientos de pequeños prendedores circulares con imágenes de Obama o su frase clásica “Un cambio en el que podamos creer”.

Por cinco dólares se puede conseguir una foto autografiada de Obama, aunque entre la multitud no hay manera de certificar la autenticidad. Por cinco dólares adicionales se vende con marco. Para bolsillos más profundos es posible comprar una acuarela enmarcada.

Entre los recuerdos más populares está un gorro de peluche con las barras y estrellas de la bandera estadounidense y lentes similares con la forma del año 2009, acaso excedentes de las fiestas de fin de año.

Un muñequito de Obama, con cabeza móvil, que se coloca cerca de los parabrisas de los automóviles, se encontraban también agotado en varios lugares, no sólo por su popularidad sino porque se podía obtener a sólo siete dólares.

Entre los niños era evidente el gusto por pancartas miniatura con el rostro sonriente de Obama y banderitas estadounidenses.

La venta de afiches había estado limitada a establecimientos comerciales como Political Americana, donde es posible encontrar desde prendedores de un dólar o una replica del escritorio labrado en roble que utilizará Obama en la Oficina Oval por casi 10 mil dólares.

Pero el estimado de más de dos millones de personas que podrían asistir a la toma de posesión y actos paralelos, desbordó las tiendas convencionales y se lanzó a la compra de recuerdos en las calles.

En una de las tiendas de “souvenirs”, ubicada en la histórica avenida Pensilvania, en las cercanías de la Casa Blanca, era imposible entrar, además de que los precios son más accesibles entre vendedores ambulantes.

Pero si se buscan ofertas, los muñequitos móviles con la figura del republicano John McCain se encuentran a menos de la mitad de precio.

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