Tema religioso en China es muy delicado, relata misionero mexicano

Por Heriberto Araújo

Pekín.– El padre mexicano Víctor Mejía trabaja desde 2006 en la ex colonia portuguesa de Macao, donde coordina la Misión católica Comboniana que difunde la fe de Cristo en un país como China, donde el gobierno controla las manifestaciones religiosa.

“Es un tema muy delicado”, reveló vía telefónica a Notimex, en referencia al trabajo que la misión realiza en el gigante asiático.

“En China existen dos iglesias: la oficial, reconocida y controlada por el gobierno, y la no oficial”, prosigue, al hablar de los cristianos fieles a la Iglesia Católica, dirigida por El Vaticano y con la que Pekín no mantiene relaciones.

La Misión Comboniana, fundada en 1872 por el santo Daniel Comboni (1831-1881), inició sus actividades en Africa, pero en la década de 1980 la misión llegó a Asia. En la actualidad, los misioneros combonianos trabajan en China formando a sacerdotes, seminaristas y otros religiosos.

Además realizan actividades caritativas como la asistencia económica a orfanatos y centros con enfermos contagiados del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida).

El padre Mejía, nacido en la ciudad de La Paz (Baja California sur) en 1975, coordina la vicaría en China, que cuenta con dos sacerdotes en Taiwán y cuatro en Macao, dos de ellos también latinoamericanos: uno brasileño y otro puertorriqueño.

“En algunas provincias tenemos que trabajar con mucho cuidado, sobre todo si colaboramos con la iglesia no oficial”, explica la fuente, que rechaza dar más detalles por temor a eventuales represalias por parte de Pekín. China es, junto a India y Vietnam, los tres países con menos tolerancia en materia religiosa del mundo y los que más acosan a los cristianos, según un informe anual del Departamento de Estado de Estados Unidos publicado en noviembre.

Tras la muerte del ex presidente Mao Tse-Tung en 1976, China permitió los movimientos religiosos, siempre que se enmarquen en el control del Estado.

Los católicos pueden realizar ritos y pronunciar misas únicamente en las iglesias controladas por la Asociación Patriótica de Católicos Chinos, controlado por la Oficina de Religión, dependiente del gobierno chino. Este estricto control ha provocado la aparición de una iglesia católica ilegal, no controlada por el gobierno y que por lo general acepta la dirección del Vaticano.

Según las últimas cifras no oficiales, China cuenta con unos 130 millones de cristianos. La iglesia oficial estima que hay 21 millones de protestantes y cinco millones de católicos, por lo que el número de cristianos que profesan su religión de manera independiente ascendería a más de 100 millones.

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