Tres de animales

Me encantan los animales y sabía ya que perros, caballos y delfines ejercen acciones benéficas y sanadoras sobre las personas que se acercan.

Que cuando los perros son entrenados para visitar enfermos terminales, detectan a los más graves y se echan junto a ellos.

Que los caballos son capaces de curar lesiones de la columna vertebral a quienes los montan a pelo.

Y que los delfines mejoran la situación de niños autistas y con problemas cerebrales.

Pero por un cable de EFE que publicó El Universal me acabo de enterar que hay serpientes ‘doctoras’; y que en un pueblito de Turquía tienen una especie de consultorios donde reciben pacientes.
Se trata de serpientes acuáticas que viven en los manantiales de las montañas de Kirkpinar, poblado de la provincia norteña de Bayburtk que ha sido declarado “espacio protegido por la ley”.

Las “doctoras” son recolectadas en mayo por mujeres que las colocan en tinajas y las alimentan de leche natural durante el mes que trabajan curando gente de otras regiones turcas y varios países europeos.

La información fue proporcionada por Haci Canda, director de la escuela de Kirkpinar, quien dijo que la gente simplemente llega al pueblo y pide ser tratada por las serpientes.

Tratamiento que cuesta menos de tres euros y consiste en colocar a las serpientes, que no son venenosas, en la parte dolorida durante unos 10 minutos para que “absorban” el mal.

Al poco rato los enfermos se sienten bien; sobre todo si padecen jaquecas, afecciones de la piel o algún dolor.
Pero no todos están convencidos de semejante maravilla.

El profesor Selçuk Candansayar del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Gazi, dijo a EFE que se trata de un “efecto placebo” y que la gente se cura, porque llega creyendo que se va a curar.

Cambiando el tema, hasta el momento no he sabido que las tortugas curen; pero sí me he emocionado viendo a sus crías salir de los cascarones, calientitas, olorosas y con los ojos llenos de arena, minutos antes de seguir su instinto que las lleva al mar.

Y he ayudado a esas recién nacidas a llegar a donde rompen las olas, para facilitarles la entrada al océano y evitar que en el camino se las coman depredadores.

Viví esa hermosa experiencia hace varios años en un campamento de protección de tortugas en la costa michoacana; y la reviví al leer que el presidente francés Nicolás Sarkozy y su esposa Carla Bruni, pasaron el día de Navidad viendo nacer tortugas en una playa brasileña del estado de Bahía.

Es también extraordinario el que los elefantes africanos nunca olviden a los miembros de su grupo y que confíen en las matriarcas para liderarlos y mantener a las familias unidas.

Los ejemplares de esta especie son extremadamente sociales, tienen una vida muy larga y sufren mucho si alguno de sus parientes o amigos mueren.

De modo que la caza furtiva y las matanzas de elefantes para quitarles los colmillos de marfil y comerciarlos, les causó un daño emocional inmenso.

Científicos de la Universidad de Washington que han estudiado durante varios años a más de cien grupos de elefantes del Parque Nacional Mikumi de Tanzania, aseguran que cuando los elefantes pierden un familiar se deprimen tanto que deciden vivir en soledad en lugar de formar un nuevo grupo social.

Y que pese a que desde hace 20 años el comercio de marfil es ilegal, sus estragos hasta 1989 llevaron a la desaparición del 75 por ciento de los ejemplares de esta especie.

Lo que ha repercutido hasta la fecha en el tamaño de los grupos, el parentesco y la creación de lazos afectivos.

Además las hembras viejas son las poseedoras de los colmillos más largos y por tanto preferidas por los cazadores; por lo que muchas de las elefantas jóvenes perdieron a madres y hermanas y llevaron vidas solitarias o en grupos inusualmente pequeños.

Los científicos dicen que la reconstrucción social de la familia luego de haber perdido a un pariente, tarda decenas de años; y en muchos casos la negativa a involucrarse en nuevos

You must be logged in to post a comment Login