Una "ciberaventura" de amor trajo a Bolivia los tacos mexicanos

Por José Luis Castillejos.

La Paz.- La aventura de amor de un mexicano que se “ciberenamoró” de una boliviana trajo hasta esta ciudad, la más alta del mundo, los mejores tacos, hechos a mano con una pasión que se ancla en el paladar.

Eduardo Araiza, originario de la fronteriza ciudad mexicana de Tijuana, Baja California, fue atraído por la fuerza del amor, al que sucumbió en las alturas de La Paz, una ciudad ubicada a tres mil 600 metros de altura sobre el nivel del mar.

Luego que el amor lo conquistó y lo hizo volar unos ocho mil kilómetros desde Tijuana a Lima (Perú) y luego a La Paz (Bolivia), Araiza decidió no regresar a su tierra y se dio a la tarea de conquistar a los bolivianos a través del arte culinario.

En entrevista con Notimex, el mexicano contó que tras una “decepción gastronómica”, sufrida al probar unos tacos que eran una estafa, él se ofreció a cocinar para el restaurante “Tacos mexicanos”, cuya dueña terminó traspasándole el negocio ubicado en el barrio de Miraflores.

Antes de emprender esta empresa, Araiza fue gerente de Mercadotecnia y Publicidad de la compañía Sony en México y cambió el traje por algo que significaría un nuevo horizonte: ser “embajador” en Bolivia de la gastronomía mexicana.

A seis meses de haber iniciado este proyecto, Araiza platicó que hace miles de peripecias para complacer el paladar de mexicanos y bolivianos; por ejemplo, para el mexicano tiene que licuar el maíz cocido con el que elabora las tortillas, ya que en La Paz no venden molinos.

“Todo es artesanal, hecho a mano, hacemos guisados, tacos mixtos, de carnitas, de cerdo, pollo, carne de res, de chorizos, el suizo (carne con queso), las sincronizadas (jamón con queso), las quesadillas, los sopes, las tostadas, entre otros”, describió Araiza.

Los más ricos tacos hechos a manos por un mexicano en La Paz tienen un “ingrediente” especial, son llevados a la mesa por Deidra (Estrella, en ruso), una niña de seis años, hija de una amiga de Araiza. Diligente, la pequeña, con trenzas rastafari (un peinado de origen africano) va de una mesa a otra, lleva los platos, sirve y sonríe con una gran dulzura que anima a los comensales a admirarla.

El restaurante, ubicado en la Avenida Argentina 1905, en la esquina de las calles Díaz Romero y Villalobos, tiene como atractivo un enorme pavorreal pintado con motivos mexicanos, de colores ocres, entre los que sobresalen el azul, el verde turquesa y los rojos.

La salsa “borracha”, hecha a base de tomate, locoto (chile verde boliviano) y cerveza, así como el guacamole aderezado con palta (aguacate) y chile amarillo, forman parte de la cocina de un hombre quien tras buscar un amor por internet terminó anclado en Bolivia. Los sueños de este exitoso empresario lo llevan a desear ampliar su local o buscar abrir otro negocio en la campiña, donde pueda elaborar tacos de carne asada, acompañados por tequila o micheladas.

Conquistar el paladar de los bolivianos es toda una odisea a la que hay que darle un ambiente mágico. Cosmopolita, multiétnica y pluricultural, La Paz es bastante exigente en su gastronomía y Araiza aceptó el reto aunque para ello tenga que licuar el grano y “aplaudir” (tortear a mano) los discos de maíz conocidos en el mundo como la tortilla mexicana.

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