Laboran mexicanos en columna vertebral del turismo en Nueva York

Nueva York.- Pedro, Herminio y Jesús Tapia integran una de las familias mexicanas que trabajan en el mantenimiento y cuidado de los caballos de las carrozas que pasean a diario a los turistas que visitan el Parque Central en Manhattan.

Ellos vinieron de su natal población de San Nicolás, estado de Puebla, con el sueño de vivir y triunfar en las tierras del norte y desde hace dos décadas el mayor de los hermanos y el primero en venir a la ciudad, Pedro, ha trabajado con caballos.

Pedro, quien después trajo a sus hermanos menores para seguir el oficio, llegó hace 20 años directamente al establo, donde estuvo inicialmente a cargo del mantenimiento de los caballos y prepararlos para que jalen las carrozas.

Hace 10 años se convirtió en cochero y hoy dice que le debe todo lo que tiene “a los caballos, lo único que sé hacer y el sustento de mi familia”.

Herminio, quien vivió la misma experiencia hace 19 años cuando llegó a Nueva York, hoy tiene 10 años como cochero y recuerda que para lograrlo tuvo que trabajar duras jornadas con malos pagos, aprender inglés, obtener sus documentos legales y aprobar los exámenes para obtener las licencias.

“Vine cuando tenía 17 años. Al comienzo no fue fácil, pero cada vez gané mejor dinero”, dijo Herminio, padre de tres y quien recuerda haber conocido a su esposa, también de San Nicolás, en la fábrica de la esquina del establo.

Son cinco los establos dedicados a estos paseos turísticos, localizados en el oeste de Manhattan; sus dueños son italianos e irlandeses, y quienes mantienen, cuidan y alimentan a los caballos son todos provenientes de México.

Son los mexicanos quienes los preparan para su faena diaria. Los equinos deben estar bien para que puedan realizar sus jornadas de trabajo que oscilan entre siete y nueve horas por día, como lo determina la ley de la ciudad de Nueva York.

“Vine a progresar, dando un paso más adelante. Hago mantenimiento al establo y a los caballos para que tengan un buen servicio y no se enfermen. El objetivo es tener a los caballos en una condición estable para el trabajo”, dijo Abel García, originario del Distrito Federal.

De esta forma, este grupo de mexicanos es parte de la historia, tradición y cultura de la ciudad de Nueva York, ya que son quienes manejan los pintorescos caballos del reconocido parque, lugar turístico visitado por más de 25 millones de turistas al año.

Según Tony Salerna, administrador y cochero de uno de los establos, hay gente que visita el parque de todos los rincones del mundo.

“Hay personas que vienen desde muy lejos sólo para hacer una propuesta de matrimonio o para discutir un divorcio con su mujer”, dijo.

Los caballos proveen el toque romántico de la ciudad de los rascacielos.

Los Departamentos de Salud y de Asuntos del Consumidor controlan los 221 caballos con licencias, los 68 carruajes y los 293 cocheros certificados, de los cuales 17 por ciento son de origen hispano, según la Asociación de Cocheros de Nueva York.

“Me gustan los caballos, me gusta trabajar y hablar con diferentes personas”, afirmó Luis Marín, de México, con 13 años en el oficio.

El poblano Omar Herrera, con cuatro años en el oficio, señaló que lo más difícil del trabajo es el invierno, “aunque me gusta trabajar con la gente, este frío no me gusta”, afirmó Herrera.

Para el menor de los Tapia, Jesús, quien llegó a Nueva York hace 15 años, los caballos del Parque Central son los mejor cuidados, “tienen el mejor mantenimiento, alimentos y no puede trabajar si no tienen el aval de un veterinario”, manifestó Tapia.

“Se trabaja duro, pero uno sabe cómo tratar a los animalitos. Es como tener una mascota”, señaló Jesús desde la oficina de establo adornado con una visible bandera mexicana.

Para los Tapia, su sueño americano se ha cumplido y han logrado reunirse aquí con 10 de los 12 hermanos, y enviar dinero a sus padres, Nicolás y Guadalupe Tapia, quienes viven en un rancho donde aún trabajan la tierra y esperan a sus hijos.

Por su parte, los Tapi

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