El músico Jordi Savall, heraldo de la “diversidad” al servicio de la paz

PARIS (AFP) – Figura esencial de la renovación de la música antigua, el español Jordi Savall actúa modesta pero incansablemente como heraldo de la “diversidad” y reune músicos árabes e israelíes, con la convicción de que “pese a las diferencias, somos capaces de vivir juntos”.

Savall, “embajador de la Unión Europea para el diálogo de las culturas” en 2008, fue nombrado el mismo año “artista de la UNESCO para la paz”, junto con su esposa, la soprano Montserrat Figueras.

Conocido por los amantes de la música antigua desde los años 1970, Jordi Savall, de 67 años de edad, se dio a conocer al gran público francés gracias a su interpretación de la música de la película “Tous les matins du monde” (Todas las mañanas del mundo, 1991).

Sus intereses sobrepasaron hace tiempo la Europa medieval y barroca para interrogarse sobre las relaciones entre Oriente y Occidente.

A fines del año pasado publicó con Alia Vox, su propio sello discográfico, un ambicioso libro-disco dedicado a “Jerusalén, la ciudad de las dos paces: la paz celestial y la paz terrenal”, históricamente reivindicada por las tres religiones monoteistas.

El director de orquesta y violagambista realizó este proyecto con los cantantes de la La Capella Reial de Catalunya, los instrumentistas del grupo Hesperion XXI y músicos invitados venidos de Israel, de Palestina, de Irak, de Afganistán, de Turquía y de Armenia.

“Jerusalén es un bien común, que pertenece a diferentes maneras de ver el mundo. Mientras no se comprenda que debe ser compartida, habrá sufrimiento y guerra”, declaró a la AFP Jordi Savall durante una estadía en París.

“Si no se acepta al otro, si se le niega el derecho a la existencia, es el fin de la civilización. Lo que desembocó en Auschwitz. Lamentablemente, incluso los que sufrieron Auschwitz no siempre se dan cuenta de esto. Lo hemos visto con lo que ocurrió en Gaza”, estimó el músico.

Jordi Savall dirigió su programa “Jerusalén” en la propia ciudad santa, en el marco del Festival de Israel.

“Me dijeron: ‘hay demasiada música árabe en tu disco ¡te van a masacrar en Jerusalén!’ Un palestino interpretó un canto judío, lo que podía percibirse como una provocación, pero el público aplaudió y fue algo bello. Esto demuestra que la diversidad es un enriquecimiento, cuando hoy se la percibe demasiado a menudo como un preludio de la desgracia”, contó.

Savall no sobreestima los efectos de la música. “En los tiempos antiguos, la música estaba muy ligada al poder: lo que aterraba cuando las tropas turcas llegaban a una ciudad, era la cantidad de trompetas que las precedían”, recuerda.

“Pero al mismo tiempo, es quizá a través del canto que se expresa la espiritualidad del hombre de forma más profunda”, dice, citando el ejemplo, señalado en su libro, de Shlomo Katz, que en 1941 se libró de ser ejecutado en Auschwitz porque emocionó a una oficial nazi al entonar un canto a los muertos.

El músico español afirma que tiene un privilegio enorme: “doy 150 conciertos por año, lo que me permite relacionarme con mucha gente y transmitir un mensaje”.

“Lo que nosotros hacemos no cambiará las cosas en lo inmediato, pero deja huellas en el corazón de las personas. Es esto lo que nos reconforta y nos sostiene”, dice.

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