El Salvador: Decadencia política

Después de los últimos buenos episodios, parece clara la dirección que ha tomado la política salvadoreña: la decadencia, por la vía del carril express.

Para muchos, a excepción de los Acuerdos de Paz de 1992, los valores de la clase política de nuestro país, siempre han estado en cierta decadencia, pero, esta vez, parece que se aceleran hacia el precipicio como el agua de una gran catarata.

Veamos sólo algunos ejemplos:

Después de ser aprobada por unanimidad en junta general, una ingenua fórmula presidencial es abatida y fulminada por unos cuantos dirigentes de un instituto político, de gran trayectoria, en un pacto oscuro poco transparente con otro partido político.

Dos días antes, otra fórmula presidencial había sido abortada también por motivos parecidos, en ambiente muy sospechoso.

Un Tribunal Supremo Electoral que secunda oficialmente y de forma definitiva las voluntades de las cúpulas partidistas que pactan, bajo de agua, abortos de fórmulas presidenciales, sin otorgar el derecho administrativo de apelación a las partes afectadas, tal como manda la ley.

El primer partido político en la Asamblea Legislativa es expedientado por el Procurador de Derechos Humanos por utilizar la inocencia de los niños en la guerra electoral.

Un candidato que dice “defender con todo” nuestra Democracia, pero a la hora de demostrarlo, con hechos, recula para atrás como el cangrejo y rehúsa sostener un simple debate democrático con su contrincante político.

Un Ministro de Seguridad Pública que se niega a asumir su responsabilidad por haber logrado el podio de país más violento del hemisferio, donde son asesinadas más de 10 personas al día, una verdadera tragedia nacional. “Es cosa de maras”, se lava las manos una y otra vez el ministro responsable de la seguridad ciudadana.

Una Fuerza Armada que endorsa públicamente a un partido político, a pesar de la claridad textual, de kindergarten, en nuestra Constitución, que dice que nuestra Fuerza Armada no debe meterse en política.

Un presidente de la república, multi-mediático, que llama por, un lado, a todos los partidos políticos a que hagan una “Alianza para derrotar al FMLN” y, segundos después, dice, a los mismos periodistas, “Yo no creo que el partido ARENA tenga necesidad de hacer arreglos políticos” con nadie.

Una “gran” prensa nacional tibia, sumisa, de mala calidad, que no realiza el “vital papel” de perro guardián que necesitamos los ciudadanos para estar al tanto de los negocios sucios y agendas oscuras de aquellos que ejercen el poder.

Una sociedad harta de políticos cuyo nivel de aprobación cada vez cae más bajo -apenas un 7%.

A pesar de la gigantesca crisis que padecemos, la clase política parece no querer cambiar, sigue empeñada en su onda de hacer chanchullos, amarres y demás movidas bajo la manga para seguir sacando gruesas tajadas, mientras el pueblo se rebusca como puede en medio de la desesperanza, la fatalidad y la turbiedad de la campaña electoral.

Miembro de Salvadoreños en el Mundo*

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