El combate de la mujer iraní, en guardia por la conquista de más derechos

TEHERÁN (AFP) – Las mujeres iraníes, que contribuyeron a la caída de la monarquía en 1979 desfilando al lado de los hombres, superan hoy a los varones en las universidades y, a pesar de ello, siguen a la espera de un protagonismo en la sociedad.

Para la grafista Jinus Taghizadé, que flirtea con la censura, la lucha no es en vano: “No hay nada honroso en tener una vida difícil y aunque esté bien recibir los derechos en una bandeja, son más apreciados y merecidos si se han ganado duramente”.

Desde la revolución de 1979, Occidente critica a la República Islámica por el trato dispensado a las mujeres, en particular por la obligación de llevar el velo islámico.

Hoy en día la policía persigue a las jóvenes que dejan al descubierto demasiados mechones de cabello o llevan el abrigo obligatorio demasiado ceñido a la cintura.

Pero, paradójicamente, la política de islamización ha reforzado la participación de la mujer en la sociedad.

“La revolución islámica hizo salir de casa a todo tipo de mujeres”, destaca Sogol Zand, una universitaria especializada en la problemática de las mujeres.

“La islamización convenció a muchas familias conservadoras y religiosas de que sus hijas no corrían ningún peligro en mostrarse en público en la sociedad, en la universidad o en el trabajo”, explicó.

Como resultado de ello las mujeres jóvenes constituyen más del 60% de los estudiantes de primer año en la universidad en diversos campos, desde la enseñanza hasta la medicina, pasando por la ingeniería.

Pero sólo el 15% trabaja, quedando al margen de los puestos de dirección y de la política.

No pueden trabajar o conseguir un pasaporte sin el visto bueno de su marido. Por culpa de la sharia, o ley islámica, su testimonio en un juicio vale la mitad que el de un hombre. También sale perjudicada en la herencia, el divorcio o la custodia de los niños.

Los defensores iraníes de los derechos humanos piden cambios legislativos desde hace años, como viene haciendo la premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi.

“Las leyes penales adoptadas tras la revolución retiraron a la mujer su identidad humana e hicieron de ella un ser de segunda clase considerado como incapaz y mentalmente perturbado”, denunció Ebadi en noviembre.

Para Fakhrosadat Mohtashami-Pour, ex directora del departamento de mujeres en el ministerio del Interior, el Gobierno “no había admitido la existencia de una discriminación social y jurídica contra las mujeres” antes de la presidencia del reformista Mohammad Jatami (1997-2005).

La guerra devastadora con Irak (1980-1988) y los planes de reconstrucción que le siguieron dejaron poco espacio para el tema feminista.

El gobierno de Jatami mejoró la situación: surgieron las ONG, una mujer entró en el gobierno y más tarde en los consejos municipales.

La tendencia se ha confirmado bajo la presidencia del ultraconservador Mahmud Ahmadinejad, elegido en 2005, pese a ser partidario del modelo tradicional de mujer como esposa y madre.

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