Ajustado resultado electoral complica realidad política en Israel

Por José Parra.

Jerusalén.- La sorprendente y ajustada victoria en los comicios puede no ser suficiente para que la centrista Tzipi Livni forme una coalición de gobierno, aunque tampoco Benjamín Netanyahu tiene por delante un camino de rosas.

Con 28 escaños del partido de Livni, Kadima, frente a los 27 del Likud de Netanyahu, la nueva Knésset (Parlamento) será no obstante de mayoría derechista. Netanyahu dice que será el nuevo primer ministro y este miércoles se reunirá con Avigdor Lieberman, el líder del partido ultranacionalista Israel Beitenu, que con sus 15 escaños se ha convertido en la tercera fuerza del Parlamento.

“Nuestras preferencias naturales son ir a un gobierno de derechas bajo el mando de Netanyahu”, fue lo primero que dijo Lieberman. Sabedor de que tiene las llaves del próximo Ejecutivo, también se ha reunido con Livni. “Me he reunido con Livni y después lo haré con Netanyahu. No estoy en el bolsillo de nadie. Hay que negociar de forma responsable”, declaró.

Tras remontar unos pronósticos que auguraban una clara victoria de Netanyahu, Livni consiguió ayer “una de las victorias más increíbles de la política israelí”, en palabras del comentarista Najum Barnea.

El éxito de la mujer que desea ser la Golda Meir del siglo XXI se debe también en parte al masivo voto contra Netanyahu, que ha provocado el ascenso de Kadima y la debacle de la izquierda.

Tanto Livni como Natanyahu reivindican su legitimidad para ser el nuevo primer ministro. Por un lado, Netanyahu argumenta que los 65 escaños de la derecha frente a los 55 de la centro-izquierda demuestran que “el pueblo ha votado por el cambio y un nuevo camino diferente al de Kadima.

Este cambio lo encabezaré bajo mi nuevo gobierno”. Livni apuesta por el hecho de ser la más votada y popular. “El pueblo ha dicho Kadima (Adelante, en hebreo) y hay que respetar su opinión sobre a quién quiere ver en la jefatura de gobierno, en especial ante los retos económicos y de seguridad. Invito ahora a Netanyahu a mi gobierno”.

Las ajustadas elecciones han dado como resultado una compleja situación política, donde cada escaño es fundamental en el atomizado Parlamento.

Livni encabeza la lista más votada pero si quiere gobernar debe convencer a Lieberman de que abandone la derecha y se una a su gobierno de centro-izquierda. El problema es que en este caso, los izquierdistas del partido Meretz no apoyarían al gobierno Livni-Lieberman por el mensaje antiárabe de éste último.

Eso sin contar que el Partido Laborista -que cosechó sólo 13 escaños, su mayor derrota en la historia- tiende a irse a la oposición.

“!Basta ya! La única opción de reconstruir el laborismo es desde la oposición y no ser un elemento insignificante en el gobierno”, dijo esta mañana el secretario general del partido, Eitan Cabel, quien criticó veladamente a su líder, el ministro de Defensa, Ehud Barak.

Netanyahu, sin embargo, no desea basar su gobierno sólo en la derecha y ultraderecha, por lo que tiene que reclutar a algún partido del centro o de la izquierda, misión no tan fácil de completar.

“Mi principal error tras ganar los comicios de 1996 fue no formar un Ejecutivo de unidad nacional”, afirmó Netanyahu en la campaña electoral.

Tras una larga y tensa noche, Netanyahu y Livni ya han empezado las gestiones para la formación de un gobierno.

La prensa israelí destaca la posibilidad de una rotación en el poder entre los dos principales partidos. Es decir, Livni sería primera ministra durante los dos primeros años y luego Netanyahu los dos últimos de la nueva legislatura.

Pero esa opción ya fue descartada por el Likud. “No veo ningún problema en formar gobierno. Tenemos mayoría en el Parlamento”, afirmó el dirigente del partido, Guideon Saar.

Los palestinos ven que la nueva realidad política israelí es menos favorable al proceso de paz.

La única posibilidad para que las negociaciones retomen su curso es un moderado y amplio gobierno de u

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