Buscan justicia sobrevivientes del genocidio en Camboya

Por Heriberto Araújo.

Phnom Penh.- La vida de Kep Kan, sobreviviente del régimen de Pol Pot en Camboya, es la historia de una mujer que en las tres últimas décadas ha luchado por llevar ante la justicia a los autores de la muerte de su hija, su hermano, su madre y su marido.

“Quiero justicia”, lanza entre lágrimas esta mujer, de 56 años, quien vive a las afueras de Phnom Penh, capital camboyana, y recibe regularmente tratamiento psicológico y médico por las secuelas causadas por la pérdida de su familia y el hambre.

El próximo martes, Kan se sentará en la misma sala que Kang Kek Ieu, denominado Douch, verdugo de su hermano y otras 14 mil personas que perdieron la vida en la prisión S-21 entre 1975 y 1979. “Trato de controlar mis emociones, de no llorar, porque después tengo dolor de cabeza y pesadillas”, dijo a Notimex Kan, quien ahora es profesora.

“Les explico a mis alumnos lo que sucedió en este país durante el régimen de los Jemeres Rojos. No puedo dejar de hacerlo”, subrayó Kan, quien se vio forzada a trabajar en el campo durante el periodo de dominación comunista (1975-1979).

Tras derrocar en abril de 1975 al régimen de Lol Nol, próximo a Estados Unidos, los Jemeres Rojos desalojaron todas las ciudades del país y obligaron a la totalidad de la población a emigrar al campo con el objetivo de llevar a cabo una “revolución total”.

El 17 de abril de 1975, tras la toma de Phnom Penh, se declaró el Año Cero –para romper con el pasado- y se inició una purga contra todo lo que se opusiera a la revolución y al Partido Democrático de Kampuchea, provocando la muerte de 1.7 millones de personas.

Además de Kan, la francesa Denisse Afónico, una de las pocas extranjeras en vivir ese periodo en Camboya, relató a Notimex la locura del régimen liderado por Pol Pot y sostenido por China.

“Nos hacían trabajar día y noche. Lográbamos obtener tres cosechas de arroz al año, pero la gente se moría de hambre”, dijo y recordó que rechazó ser desalojada a Francia antes de la toma de la capital porque no quería partir sin su esposo, de nacionalidad china.

“Aunque él era comunista y creía en los ideales firmemente, lo mataron. A mí me llevaron al campo a trabajar. Jamás me he repuesto de las secuelas que me dejó la experiencia y la pérdida de familiares”, agregó. Cientos de personas como Kan o Denisse testificarán como parte civil en el juicio contra Douch, el primer jemer rojo en ser juzgado desde la caída del régimen.

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