Los 200 años de Darwin

Este doce de febrero se cumplieron 200 años del nacimiento de Charles Darwin.

Y Chile, país que recorrió en mula y caballo, en barco y a pie durante casi dos años y medio, se sumó a los homenajes de todo el mundo civilizado.

Las ideas evolucionistas de Darwin rechazadas por muchos durante casi dos siglos, son aceptadas hoy con naturalidad por prácticamente todos.

La Iglesia Católica y la Anglicana que tan duramente lo juzgaron, están ahora como en competencia por hacerle el reconocimiento mayor. Y por cierto el Papa está también honrando a Galileo, en este Año de la Astronomía.

Tres cuartas partes del viaje de Darwin como naturalista de la expedición del buque Beagle, que comandaba el aristócrata capitán Robert Fitz Roy fueron en Chile.

Ambos tenían menos de 25 años; y el capitán debía cumplir la misión de hacer los mapas de esta parte del mundo, entonces desconocida.

Eran los últimos días de diciembre de 1832, cuando vieron entre inmensas olas y por primera vez el Cabo de Hornos.

La impresión debe haber sido terrible; nubes negrísimas, fuertes vientos y granizo, obligaron a Fitz Roy a llevar al Beagle a guarecerse; y un mes después, atracó en la caleta Wulaia ubicada en la costa de la isla Navarino.

Ahí precisamente el Instituto de Conmemoración Histórica de Chile, acaba de colocar una placa conmemorativa; que podrá ser vista por los cientos de turistas de cruceros que llegan hasta acá, porque esta de moda recorrer los bellísimos paisajes del sur de Chile.

Antes de atracar vieron una canoa con seis nativos de Tierra del Fuego, que a primera vista a Darwin le parecieron espantosos.

Pero como buen científico, quiso investigar de donde llegaron y como pudieron fabricar esa canoa y habitar en uno de los lugares más inhóspitos del planeta.

En los botes balleneros del Beagle llegaron a la orilla; y causaron tanta admiración, que los indígenas se robaron un bote mientras los científicos exploraban los alrededores.

Decidido a no perderlo, el capitán tomó como rehenes a varios fueguinos; y luego de un mes sin noticias, se quedó con dos hombres y una niña de 10 años.

Los bautizó como York Ministery, Boat Memory y Fueguia Basket; y a ellos se unió un adolescente al que llamaron Jemmy Button, porque lo cambiaron por botones.

Meses después los llevaron a Inglaterra; y les colocaron fracs y guantes para exhibirlos; porque Fitz Roy pensó que podrían ser parte de un experimento social que consistía en “civilizarlos”, para después devolverlos a Tierra del Fuego y que “civilizaran” a sus familiares.

Por supuesto no fue así; y a poco de llegar a Inglaterra, Boat Memory murió de viruela.

Y al enterarse de que York estaba acosando a la pequeña Fueguia, Fitz Roy quiso evitar un escándalo y decidió regresarlos adelantando en dos o tres años, la vuelta del Beagle al sur de Sudamérica.

La presencia de Darwin y Fitz Roy en Chile dejó entre otras muchísimas cosas, los nombres que hoy llevan el canal de Beagle, la cordillera Darwin, y el monte Fitz Roy.

Y permitió a Darwin observar y recoger datos determinantes para escribir su obra cumbre, El Origen de las Especies; que este año cumple 150 de publicada.

Procede también de Chile un tercio de los capítulos de su libro “Un naturalista alrededor del mundo”, en los que habla de su recolección de insectos y su admiración ante los bellísimos glaciares que seguramente estaban en su máximo esplendor y describe como “cataratas de hielo azulado”.

Lo que acá vio, no fue poco; porque le tocaron la erupción del volcán Osorno; un fuerte terremoto en la ciudad de Concepción, que levantó zonas costeras sumergidas; y el desprendimiento de grandes trozos de hielos que caían al mar en medio de ensordeceros ruidos.

Y cuando descubrió fósiles marinos a gran altura de la Cordillera de los Andes, entendió que esas inmensas montañas estuvieron siglos antes bajo el mar.

De todo eso se hablará con seguridad este año en alguno de los muchos seminarios que impulsa la fundación chilena Ci

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