¿Qué cambió el rumbo de la humanidad?

El principal motivo de que surgiera el Nuevo Testamento fue Jesús de Nazaret, Su vida y Su obra. Lo que no quiere decir que lo escribiera El, ni tampoco los testigos oculares de Su vida.

Más bien se supone que fue escrito entre 40 y 60 años después de Su muerte. Una razón de peso parece ser la aparición de un hombre llamado Pablo, quien más tarde se convertiría en cabeza de la Iglesia y quien a pesar de no conocer personalmente a Jesús de Nazaret, se permitió intervenir muy directamente en lo que más tarde quedaría establecido como la “religión verdadera”.

Por ejemplo Jesús habló de cumplir los Diez Mandamientos, mientras que Pablo dijo: “La fe basta”.

A pesar de las intervenciones y manipulaciones de las escrituras se sabe que en el Antiguo Testamento figuran muchas cosas que nunca aparecerían en el Nuevo: sacrificios de animales, guerras, asesinatos etc… Se dice que ahora tiene validez el Nuevo, por lo que la iglesia a menudo dice que simplemente Dios ha cambiado de opinión, pero ya en el Antiguo Testamento Dios dijo: “Yo, Dios, no cambio”, una frase rotunda que no deja lugar a dudas, o también: “Cristo es siempre el mismo”.

Por tanto, el hecho de que existan un Antiguo y un nuevo Testamento, no se puede explicar diciendo simplemente que Dios ha cambiado. La Iglesia lo dice, pero en la misma Biblia no figura en ningún lado. Y Jesús lo dijo claramente y Él fue el motivo por el que se escribió el Nuevo Testamento. Simplemente la Biblia contiene muchos errores. De ningún modo ha cambiado Dios, es el hombre el que ha introducido los errores en la Biblia.

Entre los años 380 y 400 surgió una casta sacerdotal con la idea de que los cristianos originarios o la propia enseñanza de Jesús de Nazaret no eran del todo válidos o valiosos. Con ello la iglesia de Roma quería asumir el papel dirigente, para lo que necesitaba escrituras que pudiesen avalar y legitimar su plan. Por ello encargó a doctores, letrados y teólogos seleccionar de entre las escrituras que circulaban, las que pudieran corresponder a sus fines.

En el siglo IV el catolicismo era ya la religión oficial del imperio romano y contradecir a la Iglesia se pagaba con la pena de muerte. Por tanto es de imaginar que la selección de textos no la hiciera un investigador independiente libre de prejuicios. Dámaso I encargo esa tarea a san Jerónimo, un letrado que tuvo que seleccionar según los intereses de la iglesia aunque con su criterio, lo que no le resultó siempre fácil.

Jerónimo fue plenamente consciente que las generaciones futuras le llamarían falsificador, ya que por ejemplo habló de la existencia de un texto secreto del evangelio de san Mateo, que nunca vio la luz. No es casualidad que la gran biblioteca de Alejandría se quemara en el año 389 y que la misma iglesia hiciera desaparecer otros muchos escritos, de forma que lo que hoy día nos parece un texto compacto, en realidad tuvo un proceso de redacción que no siempre fue imparcial y con un criterio de selección arbitrario, lo que evidentemente propició un rumbo de la humanidad insospechado y con consecuencias catastróficas incluso hasta nuestros días.

A pesar de todo no se puede decir que la Biblia actual no contenga nada de lo que quería en principio Jesús de Nazaret. Por ejemplo, en ella encontramos el Sermón de la Montaña y en el Antiguo Testamento los Diez Mandamientos. También se ha salvado lo que dijeron los grandes profetas como Isaías que dejó escrita su visión del Reino de la Paz, la que cobra cada vez más sentido en esta época de grandes transformaciones.

¿No ha llegado el momento de dar un nuevo rumbo a la humanidad, dejando atrás todas estas falsificaciones e intereses humanos y haciendo aquello que realmente nos quiso transmitir Jesús, el Cristo? Los maravillosos principios del Sermón de la Montaña marcan un nuevo rumbo para un nuevo tiempo, al que cada uno puede contribuir.

Mª Jose Navarro 24764815W
www.radio-santec.com

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