En crisis: la prensa

Por Lluís Bassets*

Cuatro sectores están especialmente tocados, en distinto grado y con cadencias temporales también distintas.

La construcción, por ejemplo, el más tocado, volverá a funcionar algún día, aunque nunca será como antes: primero tendrá que terminar la recesión, habrá que colocar los stocks ahora desocupados y finalmente reemprender de nuevo la actividad con un crecimiento que jamás alcanzará los ritmos trepidantes del pasado.

El automóvil está desencadenando un terremoto en todo el mundo industrializado, que primero será de desempleo (con efecto dominó, por la industria auxiliar) y luego en el largo plazo de reconversión del producto mismo, adaptado a la nueva economía verde y tecnológica que nos espera.

La banca es el que más y el de más calado: es el sistema sanguíneo que riega la economía, en parte infectado por los activos tóxicos y en su casi totalidad avanzando hacia el colapso; de la enfermedad deberá salir un sector bancario también distinto y renovado, probablemente más pequeño, sin la banca financiera que ya naufragó el pasado septiembre, y más controlado.

Tan controlado que durante una etapa provisional de duración indeterminada puede significar su nacionalización; el tiempo de esta transformación será el de la crisis misma: la señal de que ha terminado la dará la circulación de la sangre por este cuerpo ahora desfalleciente.

La prensa, finalmente, atrapada entre las ruedas de dos crisis implacables: la tecnológica que viene pegando desde hace años y deja el mercado seco de jóvenes compradores; y la publicitaria, consecuente con la recesión, que está abatiendo periódicos como si fueran árboles en una tala.

Los tres primeros sectores sobrevivirán a la crisis: distintos, transformados, irreconocibles quizás; hay dudas, sin embargo, respecto a la capacidad de supervivencia del periódico impreso que se vende al mismo precio que un café y puede pagar, con lo que le dan la publicidad y el quiosco, una red de corresponsales en todo el mundo, artículos de los mejores escritores y pensadores de su tiempo y las investigaciones periodísticas más complejas y exclusivas.

Distinto es el caso del periodismo. Yo no tengo duda alguna de que esta sencilla actividad de ir, ver y contarlo seguirá existiendo y apasionando, a quienes la ejercen y a quienes les gusta leer o escuchar las historias contadas.

Las industrias pasan pero el oficio queda. Seguirá por tierra, mar y aire: quiero decir, utilizando todos los medios de expresión que tengamos a mano. Es viejo como el mundo y ha superado todas las crisis. ¿Por qué no iba a superar también ésta?

(Escribo estas líneas a la espera de Barack Obama en su primer discurso al Congreso esta madrugada, cumplido el mes de presidencia, con todo el viento de las encuestas a favor, pero encarando una recesión pavorosa y una enmarañada escena internacional.

Ahora mismo Obama y sus planes de salvación parecen la última trinchera que nos separa del caos. Habrá que verlo y escucharle dentro de un rato para contarlo mañana. !Viva el periodismo!).

Fuente el Blog de Lluís Bassets 25/2/2009

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