Interpretó disfrazada Orquesta de Neuquén obra de Prokofiev

México, 4 Mar (Notimex).- Todo se encuentra listo para que la
Orquesta Sinfónica de Neuquén (Argentina) emprenda nuevos retos en
2009, que incluye hacer crecer el público infantil, luego que en 2006
los músicos que la cumponen se ganaran el corazón de los niños al
ejecutar disfrazados de animales la obra “Pedro y el Lobo” de Sergei
Prokofiev, compositor ruso fallecido el 5 de marzo de 1953.

Después de los éxitos cosechados en 2008, se lee en la página en
internet de “Río Negro”, la orquesta va por más con un ciclo de
conciertos propio, el recorrido del interior provincial, la animación
de la música infantil y tocar gratis al aire libre.

Por lo pronto, el viernes la agrupación neuquina interpretará la
“Obertura” de “La flauta mágica” y la segunda parte de la “Sinfonía
no. 2. Júpiter”, ambas piezas de Wolfgang Amadeus Mozart, entre otras
obras.

Pero sin duda el mayo reto de la Sinfónica es el ciclo de música
infantil, que tiene programado para las vacaciones de invierno y que
prevé cuatro conciertos.

El pianista y compositor ruso, Sergei Sergeyevich Prokofiev,
autor del hermoso ballet “Romeo y Julieta”, la ópera “La Guerra y la
Paz” y la “Sinfonía Clásica”, dejó un importante legado al mundo
musical.

El artista nació el 23 de abril de 1891 en Sontsovka, cerca de
Ucrania, donde desde temprana edad reveló un precoz talento en el
conservatorio de San Petersburgo, y en sus clases con personalidades
como Glier, Rimsky-Korsakov, Lyadov y Tcherepnin.

Su debut como pianista en 1908 causó cierta sensación entre la
sociedad rusa, que le obsequió la etiqueta de “enfant terrible” y le
dio la imagen de joven ultramoderno e incomprensible, que él estuvo
encantado de explorar.

Prokofiev siguió atrayendo la atención de sus colegas y del
público con sus obras para piano solo y los extravagantes conciertos
para piano “N~o. 1” y “No. 2”, para más tarde, en 1914, dejar el
conservatorio y viajar a Londres, donde escuchó la música de Igor
Stravinsky.

A petición de Dyaghilev, el “enfant terrible” escribió una
partitura que fue rechazada, y que más tarde utilizaría en la llamada
“Suite Escita”; entre tanto, su talento se expandía en distintas
direcciones, hasta completar una ópera sobre la novela “El jugador”,
de Fedor Dostoyevsky, en 1917.

Sigue

Interpretó disfrazada. dos. 1917

Dicha obra resultó en un estudio sobre la obsesión, muy lejano
de la fantasía contenida en “El amor por tres naranjas”, ópera casi
contemporánea, escrita dos años más tarde para Chicago, estrenada en
1921.

Ninguna de estas partituras tuvo mucha relación con la “Sinfonía
clásica”, una de sus obras más destacadas, concebida a la manera
dieciochesca, junto con varias sonatas para piano y las más osadas
“Visiones fugitivas”.

Hacia 1920, Prokofiev se estableció en Francia, donde concibió
la ópera “El ángel de fuego”, fábula intensa y simbolista sobre el
bien y el mal, que se estrenaría hasta después de su muerte.

Tiempo después, el compositor produjo una partitura mucho más
tranquila, el ballet “El hijo pródigo”, y no sería sino hasta la
década de los años 30 cuando su estilo musical dio un salto a lo
barbárico y lo lírico, cuando se reconcilió con la entonces Unión
Soviética.

De regreso en su país, Prokofiev recibió un encargo del ballet
Bolshoi, “Romeo y Julieta”, pieza estrenada en Brno en 1938 y en la
que la agresión y el amor romántico fueron un catalizador de los
divergentes impulsos del músico.

En 1936, cuando el camino hacia el realismo socialista estaba en
su curso más intenso, Prokofiev comenzó a explorar géneros como la
canción, la música incidental, la cantata patriótica y la
entretención infantil, que lo llevó a componer “Pedro y el Lobo”.

Aquellos años fueron un mal momento para la experimentación,
pues “Semyon Kotko”, su primera obra de un tipo más ambicioso, no fue
bien recibida.

El comienzo de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) fue también
el de los requerimientos patrióticos, que arrojaron un ciclo de tres
sonatas para piano, la “Sinfonía no. 5” y la versión operística de
“La Guerra y la Paz”, de León Tolstoi, que le permitió desarrollar
los dos extremos de su genio musical.

En 1946 se retiró al campo y aunque siguió componiendo, sus
últimas partituras son consideradas una suave oda a su producción.

Prokófiev falleció el 5 de marzo de 1953 en Moscú, el mismo día
que el dictador soviético José Stalin, cuando acababan de comenzar
los ensayos para su ballet “La flor de piedra”, el cual se llevó a
los escenarios un año después.

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