El próximo presidente salvadoreño

Por Daniel Joya*

Un pueblo cansado de esperar, la economía resquebrajada, un cuarto de la población autoexiliado, el auge delincuencial, etc. contrastan con cualquier explicación de como Rodrigo Ávila llegaría a convertirse en el próximo presidente.

No se necesita devorar manuales de sociología, ni adentrarse en la psicología de masas, mucho menos asimilar los principios de la Mercadotecnia moderna para entender que Arena es un partido desgastado, y su candidato es la muestra palpable de su crisis de cuadros quemándose en el intento.

Si cerrada la votación vienen con el cuento que Mauricio Funes perdió aunque fuese por un voto, costaría décadas de tratamiento del PTSD (Post Traumatic Stress Disorder) para sacar a los salvadoreños de tan bajo nivel de autoestima.

Serían inexplicables los coses contra el aguijón después de veinte años de promesas incumplidas y medidas adversas cual el IVA (al 13%), la dolarización, la privatizaron de todo lo rentable al estado, y la lista sigue.

De ahí que solamente una amnesia colectiva o síndrome de masoquismo hagan olvidar la corrupción y demagogia que obligó a gran parte de compatriotas a emigrar.

Otra muy buena razón para razonar la derrota de la esperanza sería el tan conocido fraude, que aunque es elemento fijo a considerarse, se esperaría sea minimizado por un rechazo popular a la continuidad de líneas económicas probadas de ineficaces y moralmente putrefactas.

De ahí que sujetos burdos e impúdicos de la talla de Walter Araujo sean vitales para institucionalizar dicho fraude.

Descartando las antes dichas, siguen el terror e intimidación que en cada contienda electoral desfilan en los medios de la ultra-derecha, asustando al incauto bajo spots, adulterando escenas de una lucha armada que finalizó hace 17 años.

Sin embargo, los hechos apuntan a que el pueblo ahora ignora y hasta repugna que sigan intentando darle el garabato de “gobierno con sentido humano”.

Desde un ángulo más académico, una victoria de Arena rompería con la lógica del desgaste partidario luego de sucesivos ejercicios del poder y negaría la existencia de la alternancia en el poder, principio rector de las modernas democracias.

Veinte años de Arena y otros 5 perpetuarían la estupidez y el saqueo. Si con Funes no hay cambio, habría que perder las ilusiones, hacer maletas y dejarles la patria para que la rellenen con DUIzados de países vecinos. ¿Acaso no son esas las acusaciones contra los modelos de Cuba y Venezuela?

Por último, es inconcebible que en un juego de presentar ideas y credenciales ante el pleno del electorado, la matemática favorezca a Rodrigo Ávila, un administrador fracasado, bajo cuya gerencia se disparó la delincuencia, pésimo exponente que se acobarda ante el debate, prepotente sin estilo, y que en ninguna forma representa un divorcio con Arena, sino más de lo mismo.

Analizando los anteriores elementos, se concluye que es irracional e imposible anticipar otra presidencia arenera.

En todo caso, no se entiende la insistencia en continuar aferrándose al Ejecutivo si ya no les queda mucho por privatizar; solamente las escuelas rurales, el trabajo travesti nocturno, las aguas del pozo real, el poco oxígeno en el ambiente, las iglesias y el léxico florido del Will Salgado [alcalde de San Miguel].

*Abogado desde la diáspora

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