Presentó Guadalupe Loaeza “La música que llegó para quedarse”

* El libro recoge las historias de vida a través de la música

México, 5 Mar (Notimex).- El libro “surgió de la manera más
natural, junto conmigo en el Hospital Inglés el 12 de agosto de
1946”, explicó Guadalupe Loaeza, al referirse a su reciente volumen,
“La música que llegó para quedarse”, donde recoge historias musicales
que son el propio devenir de su existencia.

Al hacer una bien detallada retrospectiva a través de sus años
de infancia, adolescencia, juventud, edad madura y su vida actual, la
escritora y periodista fustiga a las clases pudientes del país y
señaló que “del hospital nos fuimos a nuestra casa de la Colonia
Juárez, donde mi madre pedía a gritos encendieran su vitrola”.

“Personalmente, yo no puedo vivir sin música. Después del
chocolate y del sexo, es mi mejor alimento”, señaló la autora. Los
Beatles, Alma Reed, Marlene Dietrich, Bob Dylan y otros artistas del
panorama musical desfilan por las páginas del libro, donde se cuenta
su vida, anécdotas y aspecto musical.

En conferencia de prensa destacó que en el hogar paterno se
escuchaba sólo “música culta”, composiciones de artistas afamados, en
las voces de los más destacados intérpretes. En ocasiones, dijo,
“Vivaldi o Bach, pero, sobre todo, música de moda francesa, pero
nunca de los nuncas oí música mexicana”.

Para ella no existieron, en su infancia y juventud, Agustín
Lara, Lucha Reyes, los tríos románticos que cantaban boleros. “­Jamás
escuché esas cosas! Eso sólo lo oía en los taxis”, señaló casi
asustada, para agregar que en sus años de primera juventud dedicaba
su tiempo a la música del hit parade y nada más.

Luego viajó a Canadá, donde siguió influenciada con la música
europea y, básicamente, de Estados Unidos, pero nada popular y menos
de origen mexicano. “En 1952 regresé a México y entonces descubrí a
Jorge Negrete y las canciones como `Pénjamo” y el corrido de `Juan
Charrasqueado”, agregó.

Pero su hermana, llamada Lola, cantaba canciones de arrabal,
como “Amorcito corazón” y hasta bailaba el “Mambo Número 5”, de
Dámaso Pérez Prado., que en ese entonces estaban prohibidos en su
casa. “Yo era una chica fresísima y seguía escuchando lo más selecto
de la música en el idioma francés”, recordó.

Con el paso del tiempo, Guadalupe Loaeza descubrió que cada
quien lleva dentro de sí una historia musical, conformada con
canciones, compositores e intérpretes, “que a lo largo de los años
van dejando huella imperecedera en el alma, el corazón y la mente de
cada individuo y por eso, escribió este libro”.

Se trata, explicó de un viaje bohemio por las canciones que
acompañaron importantes acontecimientos sociales, políticos y
culturales en México y el mundo. En “La música que llegó para
quedarse”; explicó, cuenta por qué el arte musical es alimento
esencial para el alma y el cuerpo de todos nosotros.

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