Mujeres y crisis

Es sabido que en tiempos de crisis, sean éstas del tipo que sean, las más afectadas son las mujeres; como sucede ahora, que el Día Internacional de la Mujer nos encuentra en plena debacle económica.

Y aunque los enterados dicen que no hemos llegado aún a lo peor de ella, sus efectos se hacen sentir ya en forma severa en casi todas partes.

En muchos hogares el alza en los precios de los alimentos y la disminución de los ingresos han repercutido en cambios en la alimentación y el vestido; sin dejar ni lo mínimo para algún tipo de recreación.

En nuestro país según datos del INEGI, más de medio millón de mexicanas engrosaron las filas de desocupación en los últimos años.

Con las consecuencias que ello tiene no sólo para su salud física, porque los menores ingresos se quiera o no siempre determinan menos alimentos y de menor calidad, sino también en la autoestima, por sentirse incapaces de proporcionar a sus hijos lo más indispensable para vivir con bienestar.

Y para las amas de casa tampoco es fácil, cuando el desempleado es el marido; porque a todo lo anterior, se suma el verlo deprimido, triste y malgeniudo por sentirse inútil; lo que muchas veces ocasiona agresiones a hijos y esposa que pueden llegar a los golpes y el asesinato.

En ese terrible tema de violencia intrafamiliar y femicidios, tampoco mejoramos este año que pasó en relación con el Día Internacional de la Mujer del 2008; al contrario, pareciera que las crisis aumentan los malos tratos.

Cifras oficiales aseguran que en los últimos tres meses se han denunciado en el país, 264 femicidios; la mayor parte de ellos impunes.

Cantidad a la que hay que sumar los asesinatos que no se denuncian, o los que por falta de datos y marginación de las víctimas, pasan como muertes naturales.

Una nota publicada hace muy pocos días en El Universal y escrita por Silvia Otero y María de la Luz González, informa que pese a los esfuerzos por erradicar las agresiones contra las mujeres, el problema rebasa a las autoridades.

Que en base a encuestas de la Secretaría de Salud, se sabe que en los últimos cinco años los casos de mexicanas mayores de 15 años que han sufrido algún tipo de maltrato, aumentaron del 12 al 67 por ciento.

Y que de 189 casos de femicidios del último año en los que se integraron expedientes penales, las autoridades federales sólo consignaron siete ante los juzgados.

El año pasado el gobierno federal ejerció un presupuesto cercano a los dos mil millones de pesos para acciones de reducción de la violencia de género.

Pero los expertos mencionan que se gaste lo que se gaste, hay patrones culturales que dificultan el combate a este tipo de violencia; y que ante eso, la voluntad política y los recursos económicos “nunca serán suficientes”.

Estos “patrones culturales”, son las actitudes machistas que prevalecen en ministerios públicos de algunos estados; estereotipos difundidos por los medios masivos de comunicación y las legislaciones estatales, muchas de las cuales no contemplan en su verdadera dimensión la violencia de género.

En lo que va del año, el Instituto Nacional de las Mujeres ha recibido un promedio de 60 llamadas telefónicas diarias; tres mil 510 víctimas que en sólo dos meses, pidieron apoyo psicológico, jurídico o médico.

El año pasado se atendieron 22 mil llamadas.

De las mujeres que llamaron en enero y febrero de este año, 21 por ciento eran profesionistas y 20 amas de casa, lo que derriba el mito de que sólo en las clases bajas hay maltrato familiar.

Según la nota a que me estoy refiriendo, la dependencia admitió que ha aumentado el número de mujeres narcomenudistas; y advirtió que la situación de maltrato y pobreza puede incrementar esas estadísticas.

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