El mexicano Guillermo Arriaga estrena en París su primer filme

PARÍS (AFP) – La larga conversación con Guillermo Arriaga tiene lugar bajando sin prisa, una noche fría, por la acera de los Campos Elíseos, entre el cine donde ha terminado la gala parisina de “Lejos de la tierra quemada”, al lado del Arco del Triunfo, y el hotel de la plaza de la Concorde donde han alojado al escritor, guionista y director mexicano.

Arriaga ha presentado la película que el miércoles se estrena en París con la actriz Charlize Teron del brazo. Más alta que él, que mide 1h90. “Me saca los tacones, son inmensos”, bromea. Todo han sido sonrisas, pero, un poco nervioso, ha visto los veinte primeros minutos y ha vuelto a otros veinte del final para intentar pulsar las vibraciones del público parisino.

Entre ambos momentos, cuenta después con un punto de incredulidad, le han invitado a probar un caviar de 400 euros, que ha regado con agua, no con el vodka de rigor porque él no ha probado nunca el alcohol. Un vestigio de lo que fue acto de rebeldía de un adolescente que creció en un barrio duro donde alcohol y droga eran cosa de machos.

El autor de “El búfalo de la noche”, entre otros relatos –que por cierto, dice, no fue invitado al Salón del Libro de París, que se abre el viernes con la literatura mexicana como invitada de honor– y guionista de “Amores perros”, “21 gramos”, “Babel”, “Los tres entierros de Melquíades Estrada”, asegura que no le ha parecido tan duro dirigir, pero se pregunta si ha pasado el examen.

Como director debutante tardío (cumple 51 años este viernes), se merece un notable alto, ya se lo reconocieron el verano pasado en la Mostra de Venecia el jurado, el público, con una ovación de gala, y la crítica.

Para empezar, lógicamente, por un guión, sólido, complejo, rico en sorpresas, que escribió hace años y no pensaba filmar él mismo. Una historia dramática con un puñado de personajes importantes -mimados todos por el escritor- que en realidad gira en torno a las vidas y secretos de dos mujeres cercanas que viven épocas alejadas, pero superpuestas en la propuesta que hace Arriaga, sin orden cronológico, con piezas que el espectador va ensamblando poco a poco hasta la evidencia del desenlace.

No es difícil reconocer ingredientes del universo de Arriaga, presentes en sus guiones filmados por Alejandro González Iñárritu o Tommy Lee Jones: de nuevo nombres de pila de los personajes, autobiográficos; cierta fascinación por los accidentes y la inminencia de la muerte, el peso de la familia, la ambivalencia entre la gran ciudad y la naturaleza, los grandes secretos, elementos también que han hecho la gloria del mejor melodrama mexicano.

El autor no se limita a calcar una receta de historias paralelas que le dio celebridad y deslumbró en películas anteriores. Entrelaza las historias aquí de manera original, con dejes de Romeo y Julieta o reminiscencias de un “París, Texas”, e incorpora otros elementos hasta ahora ausentes, como la pasión contrapuesta al sexo desencantado, o un guiño a la caza que el autor practica con pasión.

El trabajo visual, obra de Robert Elswik, es espléndido. Universos contrapuestos, uno urbano, gris metálico, otro con paisaje seco y la luz cegadora de un sol de plomo. Arriaga hace hincapié insistente en la música de Omar Rodríguez López.

Y si algún pero se le puede poner a esta película es que no alcance siempre toda la densidad dramática que la historia ofrece y que algunos momentos sí dejan apreciar. Una obra brechtiana de alto nivel al estilo de un David Mamet, otro autor que se adapta a sí mismo al cine.

Arriaga acepta por igual elogios y críticas. Argumenta sólo que, a pesar de las apariencias, ha sido una película de bajo presupuesto, con diez semanas de rodaje recortadas a ocho, en localizaciones de Oregon, Texas y Nuevo México, muy distantes entre sí; en dos idiomas, inglés y español, que muchos actores fueron contratados a última hora y no hubo ensayos, que el número de tomas fue muy reducido…

“Y es mi primer largo, porque yo siempre he trabaja

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