El Salvador no es Zimbabwe

Por Manuel García

El Salvador no es Zimbabwe, pero si los líderes políticos no hacen un llamamiento urgente a sus seguidores de que detengan la violencia electoral, entonces, pronto parecemos un país africano. La violencia electoral se tiene que terminar de una vez por todas.

Hacer proselitismo político a favor de un candidato no debería significar la vida o la muerte. A pocos días de la decisiva elección presidencial, los ánimos políticos irán en aumento.

Cansado de tanta propaganda, ansioso para poder elegir al nuevo presidente, el salvadoreño necesita meditar sobre su futuro sin presiones psicológicas ni mentiras o insultos que son inapropiados en una sociedad libre como la nuestra.

En Zimbabwe, Robert Mugabe se ha mantenido en el poder recurriendo al fraude y a la violencia política. Cualquiera que no piense cómo él, corre el peligro de se ser asesinado. Robert Mugabe es hermano de Fidel Castro y otros dictadores que utilizan toda la fuerza del Estado, incluyendo la manipulación de la verdad, para mantenerse en el poder.

Decir que Estados Unidos detendrá el flujo de remesas, o que deportará a miles de salvadoreños si ganase el FMLN, es una mentira y una cobarde utilización de los instrumentos democráticos para mantenerse en el poder. Es un insulto a los miles de salvadoreños que somos ciudadanos estadounidenses, y que tenemos voz y voto en Estados Unidos.

La Embajada de Estados Unidos en San Salvador ha desmentido categóricamente esa propaganda diciendo que el Gobierno de Estados Unidos trabajará con el nuevo presidente de El Salvador, ya sea Rodrigo Ávila o Mauricio Funes.

Así tienen que ser las cosas. El futuro de El Salvador está intrínsicamente ligado a Estados Unidos, y el nuevo Presidente de El Salvador necesita el apoyo de la Administración estadounidense para coordinar una verdadera guerra contra la pobreza, la delincuencia, la ignorancia, etc., todos los males que no nos permite avanzar ni siquiera dos pasos.

Obviamente, el futuro de El Salvador depende de que el nuevo presidente haga bien las cosas.

Poner a Zimbabwe como espejo, nos debería dar pauta a todos los salvadoreños para decidir el país que queremos. Construyamos un país dónde una persona pueda poner su bandera partidaria en su casa, hacer proselitismo por el candidato que quiera sin temor de que le tiren una piedra en la cara, o que puedan pegarle un machetazo.

Los bárbaros solamente son capaces de manchar el sagrado proceso electoral con insultos, groserías y mentiras.

El 15 de marzo, los salvadoreños aptos para votar elegirán el nuevo presidente. Todos aquellos que están empadronados para ejercer el sufragio, tienen una obligación moral y responsabilidad cívica para acudir a las urnas y votar.

Si no están convencidos con ninguno de los candidatos a la presidencia, entonces, voten en blanco. Podría ser una forma para enviar un voto de protesta. Pero haga algo, diga algo, no se quede en casa, porque al final, la persona que resulte electo tomará decisiones que le van afectar directamente.

Gane quien gane el 15 de marzo, las cosas continuarán siendo difíciles para El Salvador. Como la mayoría de países en Latino América, El Salvador necesita implementar medidas urgentes para aliviar los efectos perversos de la crisis financiera.

El nuevo Presidente necesitará tomar medidas concretas para activar el agro, invertir en educación y salud. Todo esto implica dinero. El país necesita cerrar, de una vez por todas, el hoyo de la evasión fiscal. Los evasores de impuestos nos roban el futuro a todos.

El nuevo Gobierno necesita enviar un mensaje inequívoco que luchará contra la corrupción, la impunidad, la ley del más fuerte. El Salvador no debería ser Zimbabwe. Podemos lograr más.

Manuel García es colaborador de Salvadoreños en el Mundo

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