El Salvador: El golpe de la derrota

El partido ARENA es quien ha venido gobernando estas últimas 2 décadas, y, por tanto, quien más poder ha acumulado en sus carnes.

Desprenderse del poder le puede suponer a la Alianza Republicana Nacionalista un trauma emocional muy recio, de esos que le cambian a uno la vida para siempre.

Más o menos sabemos las profundas emociones que provoca a un ser humano desprenderse de las suntuosas comodidades y los superpoderes.

A Spiderman desprenderse de sus superpoderes le suponía quedarse todas las noches entre las piernas de la nada despreciable Kirsten Dunst, Mary Jane.

Pero aquí, en El Salvador, la cosa pinta de un modo muy distinto: desprenderse de los superpoderes del Estado para aquellos que han estado al mando de él desde la independencia, puede suponer caer en una sensación de impotencia, de nulidad, incluso de desautorización. Y eso para alguien acostumbrado a mandar toda la vida puede ser altamente traumático.

Ahí está el ejemplo de Bernard Madoff, le han confiscado todo lo acumulado. Sin sus suntuosos propiedades y sin poder alguno, ahora Madoff padece una patología mental. Lo están tratando para que no se suicide. Clifford Baxter, vicepresidente del imperio energético Enron en EE.UU., ahora empresa totalmente fracasada, corrió peor suerte, se suicidó pegándose un tiro en el sentido, arriba de la oreja izquierda.

Los dos ejemplos son extremos, de personajes corruptos —también hay ejemplos de partidos políticos, el PRI de Mexico es uno— pero a lo que quiero llegar no es a la corrupción o la tragedia —Dios nos libre de ella— sino al gran choque psicológico, emocional y neurológico que se genera al interior de las cabezas de las personas cuando se ven separadas bruscamente de sus opulentas comodidades y sus superpoderes: debe ser un estrés traumático indescriptible, muy doloroso.

Es imperiosamente recomendable que ARENA pase rápidamente del shock a la recuperación y entre en un ejercicio serio de autocrítica y de recepción al llamado hecho por el Presidente Electo Mauricio Funes.

En su discurso, el Presidente Electo, Mauricio Funes, ha tenido unas palabras de tono conciliador, de tender puentes, especialmente a aquellos que ahora se sienten derrotados.

“Esta noche debe tener el mismo sentimiento de esperanza y reconciliación que hizo posible la firma de los Acuerdos de Paz en nuestro país”, reforzó Funes.

Funes insistió en ese tono de reconciliación y esperanza en todo su discurso, incluso me atrevería a decir que habían trozos de aquel discurso magistral de Obama en el parque de Chicago el 4 de noviembre de 2008, después de que fuera proclamado triunfador de las elecciones americanas.

“Hoy hemos firmado un nuevo Acuerdo de Paz, de reconciliación del país consigo mismo, veo el resultado de la elección como la victoria de la propuesta de unidad nacional que hice a lo largo de la campaña”, repitió el Presidente Electo, haciendo énfasis en la necesidad de construir un espíritu de unidad nacional para afrontar los problemas por los que atraviesa el país.

En ningún momento, Funes hizo referencia a las figuras históricas del FMLN. Eso es una fuerte señal para aquellos que piensan que Funes es un pinocho de la Dirigencia.

El tono de Mauricio Funes contrastó con el mensaje de derrota pronunciado por Rodrigo Ávila.

“Ahí está la figura de bronce del máximo líder [Roberto D’Aubuisson] que dio el ejemplo”, declaró Ávila, para después hacer una referencia escueta a la persona que hasta hace unas horas era su adversario en la carrera por la presidencia.

“Quiero a Mauricio Funes, del FMLN, reconocerle que en esta lucha cerrrada [el pueblo] le ha dado la ventaja”, agregó.

No hubo grandes felicitaciones para el partido opositor, de hecho, ni siquiera mencionó al partido ganador.

Quizás no hacía falta.

Esperemos que la referencia de Ávila al Sr. Roberto D’Aubuisson no sea para reforzar una forma de pensar y actuar ante la vida, sino un simple reflejo instintivo en un momento de dolor ante una figura que ya está muerta, y qu

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