Todos en pie, preside Su Señoría el Pueblo Salvadoreño

No se trataba de una elección convencional. Esta vez era diferente. Si no recuerdo mal, era la primera vez en nuestra historia que la papeleta sólo tenía dos distintivos, ARENA y FMLN.

Por cuestiones accidentales, de táctica calculada o acuerdos oscuros entre partes, las otras alternativas se habían descarrilado del riel de la Democracia a última hora. Sin embargo, aquella mancha no mermaría los ánimos del pueblo.

Con sólo dos opciones ante el estrado —una elegir a un policía y la otra a un periodista— Su Señoría, el Pueblo Salvadoreño, se disponía a re-escribir su propia historia.

Tanto el policía como el periodista plantearon sus argumentos, expusieron sus ofrendas y resaltaron lo bueno de sus programas y de sus vidas.

El policía dijo “Hoy te los firmo y mañana te los cumplo”. También dijo, lo mío no son “las promesas” sino “los compromisos”, una táctica literaria que acústicamente sonaba distinta pero que en esencia no dejaba de ser lo mismo: un ofrecimiento político.

El policía, insistió, ante el estrado de Su Señoría, en que su oferta tenía más pegada, más sabiduría, más experiencia. En definitiva, dijo que su planteamiento era más completo y viable y que, por tanto, el suyo perseguía más de cerca la realidad que el del contrario.

“Vamos con todo” finalizaba siempre.

“Yo no soy policía únicamente”. “Soy ingeniero industrial, trabajé como consultor, tengo estudios de administración de empresa”, etcétera, dijo el policía en una ocasión, ya en la recta final, titubeante, pero repleto de auto-convencimiento.

Por su parte, el periodista, muchos más entrenado en el arte de la dialéctica, centrado en los problemas reales de la vida, se postró en la parte central del estrado y se dedicó a hacer un fino trabajo de crítica, a realizar una intensa labor de sacarle, uno a uno, todos los trapitos al sol al gobierno de todo lo mal gestionado que había estado el país desde 1992 hasta la semana pasada, mientras Su Señoría lo observaba a ratos con duda, pero en su mayor parte del tiempo con cierta complicidad.

Ante Su Señoría, el periodista no se anduvo por las ramas, en realidad, asesorado por gente de primer nivel, se dedicó a hacer lo que mejor sabía hacer: criticar y proponer informando de forma clara y sin titubeos a cuanta alma se le presentó por delante.

Después de observar como el policía se las ingeniaba para salir bien parado ante los medios de comunicación, después de ver como analistas, periodistas, sociólogos, comerciantes y demás ayudaban a toda costa a las causas y al plan del policía, después de observar y escuchar la grosería inyectada en la campaña electoral, después de ver al periodista en estado puro: “El Salvador necesita un cambio de rumbo, no podemos continuar así”, aquel 15 de enero de 2009, Su Señoría, el Pueblo Salvadoreño, salió a la calle, agarró el martillo de la avenencia, con serenidad, con una convicción democrática nunca antes vista, dio 14 martillazos de forma simultanea y dijo al mundo “por aquí, por el camino de la Democracia”.

El 15 de marzo de 2009, el pueblo salvadoreño, ese que ha vivido siempre arrastrado por las circunstancias, no sólo le manifestó al mundo creer fielmente en la Democracia, sino que la practicó de forma ejemplar para demostrar a los demás y así mismo que es posible sacudirnos de nuestras carnes los miedos, los temores, los engaños, los regímenes de poder y dar una oportunidad a la alternancia, sin violencia y sin sobresaltos: toda una lección de humildad y un sólido precedente histórico para nuestra posteridad.

* Miembro de Salvadoreños en el Mundo.

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