Merecido triunfo de Mauricio Funes

Por Carlos Velásquez

Sin el atuendo del partido de izquierda, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el periodista Mauricio Funes obtuvo un triunfo histórico, convirtiéndose en el nuevo presidente electo de los salvadoreños. Si bien, para un buen porcentaje de la población el triunfo es solamente de Funes.

En un apropiado discurso de proclamación, Mauricio Funes dejó de ser candidato y comenzó a comportarse como gobernante de un país de primer mundo. Su discurso conciliador cubrió la mayoría de los temas sobre los cuales existen temores.

En vez de un discurso triunfalista y amenazante, tuvimos un sereno, moderado y tranquilizador. Su alocución de unidad, concertación y tolerancia sedujo a sus detractorores que hoy se convierten en la oposición.

“¡Quiero enviar un mensaje a nuestros adversarios políticos, quiero decirle desde esta tribuna al partido Arena, a sus militantes, a sus dirigentes, a sus candidatos: gobernemos juntos, hagamos posible un gobierno de unidad nacional! ¡Amigos y amigas: no es momento de rencores! ¡Hay que ser benévolo en la victoria. No es momento de venganzas”!, expresó Funes.

El presidente electo Mauricio Funes mostró cátedra de liderazgo en su primer discurso, llamó a la concertación al país; esperamos que el presidente electo no este hablando del “diente al labio”.

Se acabó el espacio que se tenía para criticar al actual gobierno de derecha; llegó la hora de actuar. El pueblo de El Salvador eligió entre “el héroe y villano”. ¿Qué pasará? Eso dejémoslo al tiempo y a la capacidad que puedan tener nuestros burócratas ahora electos.

La guerra y veinte largos años de poder areneros se quedaron atrás. Veremos que se puede hacer para erradicar la pobreza, combatir la inseguridad social y cuanto problema agobia nuestra sociedad.

Por otra parte, Rodrigo Ávila aceptó con elegancia el resultado de los comicios, concediendo la victoria de su oponente, lo que se ve por primera vez en la historia de El Salvador, que un candidato perdedor admita su derrota.

En forma refinada y sincera, pidió a Dios que le conceda sabiduría al nuevo gobernante. Su calidad humana se manifestó cuando la emoción le quebró la voz. No obstante, la compañía su esposa y sus hijas complementó la unidad familiar en un momento difícil de un político derrotado.

Rigoberta Menchú ganadora del premio Nóbel de la paz y que participó como observadora de las elecciones en El Salvador dijo: “Hoy el pueblo salvadoreño salió a las urnas a dar su voto en un ambiente cívico y democrático en donde no se presentó ninguna anomalía transcendente, todo marchó en calma y en paz”.

También Menchú señaló la labor impecable del Tribunal Supremo Electoral; “desempeñó un papel transparente y objetivo”.

En realidad, es admirable y envidiable el trabajo de la autoridad electoral de nuestro país, la cual ha actuado con absoluta honestidad, abierta a la observación electoral nacional y extranjera sin restricciones de ninguna clase, eficiente en el cumplimiento de sus funciones y rápida en dar a conocer el resultado de la elección apenas dos horas después de concluidas las votaciones.

Y por lo tanto esa autoridad electoral tiene la confianza y goza del respeto tanto de la ciudadanía salvadoreña como de la comunidad internacional.

Aunque, el mismo presidente Electo Mauricio Funes y los radicales ortodoxos de su partido desacreditaron al tribunal Supremo Electoral ante organismos internacionales de fraguar un plan de fraude electoral. Irónicamente, hoy la dirigencia del partido de izquierda FMLN “se llenan la boca” expresando a los medios de comunicación que el TSE es un instituto confiable y de credibilidad.

“Los salvadoreños ya tenemos un presidente electo de primer nivel para crear transformación en todos los aspectos”, según pregona con orgullo al mundo, el Movimiento Ciudadano Amigos de Mauricio Funes. Sin embargo, para lograr un cambio nuestra sociedad tiene que evolucionar; poner un poco de interés moral.

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