Porque sí se pudo

Por Rocío del Monte*

Esta noche [15 de marzo] pienso en mi papi y en tía Julita. Estoy segura que desde allá se dieron cuenta de todo lo que sucedió. Esta noche hay fiesta en los cielos.

Pienso en nuestros muertos, pienso en la familia y en todo lo que vivieron antes de llegar a Canadá. Lo que perdieron y lloraron o lo que les devolvió la risa, lo que les dio la fuerza de seguir adelante y las ganas de vivir.

Esta noche, pienso en todos los demás que vivieron el éxodo. Pienso en los que tuvieron que dejarlo todo. Tierra, familia, amigos, sonrisas y recuerdos, sin mirar hacia atrás…. Pienso en todos aquellos que nacimos en el extranjero de padres heridos por esa guerra y que escogieron darnos la vida en vez de morir en el Sumpul o en el Mozote.

Esta noche pienso en todos aquellos que lo dieron todo para que un día como este se haga realidad. Pienso en Monseñor Romero. Pienso en todos aquellos que pelearon porque soñaban con otro El Salvador, con otro futuro.

Algunos siguen vivos, otros perdieron la vida.

Pienso en todos aquellos que cayeron en el frente porque defendían ideales tales como la igualdad y la justicia en nuestro país. Porque todos somos hermanos y hermanas. Pienso en Morazán, en Anastasio sin olvidarme de Roque.

Esta noche pienso en todos aquellos que no tuvieron la oportunidad o que no quisieron salir del país y que día tras día resistieron entre balazos y desaparecidos…

Pienso en las molenderas que se fregaron las manos, en los niños que perdieron su candor y en los hombres y mujeres que tomaron las armas para matarse entre hermanos.

¿Qué nos pasó ayer por la noche? ¿Será posible que por fin el pueblo se haya unido para alzar su voz y pegar un solo grito? ¿Grito o llanto? Esperanza y determinación.

Me vuelvo a preguntar, ¿qué nos sucedió ayer por la noche? ¿Será posible?

Cierro los ojos y vuelvo a soñar con el bebito que estaba en los brazos de su madre. Ella lo levantaba hacia el cielo para que todos lo vieran en esa marcha histórica. Veo a todos aquellos que se echaban a llorar y a abrazarse aunque fueran desconocidos, porque todos somos hermanos.

Veo al anciano que estaba sentado en el bus y que por la ventana gritaba su alegría. Esa noche sonría con toda su alma, olvidándose de las arrugas del tiempo que le han atropellado el rostro o de sus dolamas…. Pues según lo que contaba soñó con este momento toda su vida. Esa noche un milagro ocurrió: un abuelo volvió a ser joven.

Esta noche pienso en El Salvador. Esta noche, se me llenan de agua los ojos. Estas lágrimas son de alegría, son lágrimas de esperanza. Pero esta noche no soy la única en regalarle mis lágrimas a El Salvador.

Esta noche, creo que todo El Salvador ha llorado.
Porque ¡sí se pudo! Porque volvemos a ser hermanos.

Rocío del Monte es salvadoreña canadiense, miembro de Salvadoreños en el Mundo.

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