¡Se pudo!…. el pueblo lo hizo

Por Norma Guevara de Ramirios

Se logró lo que parecía imposible: sacar a Arena del Gobierno. El pueblo quería un cambio, sentía que lo necesitaba y se dispuso hacerlo hasta lograrlo.

El FMLN y su fórmula presidencial interpretaron este sentir y batallaron duramente y con determinación; por eso el 1 de junio Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén encabezarán un nuevo capítulo de la historia patria, la época de cambios que recuperen al gobierno para la gente, que humanicen el quehacer político y recuperen la ética y la confianza para vivir de manera distinta.

La gente sabía que podía lograrse superando el papel de espectador; familias completas se incorporaban a animar a los suyos y a otros, a ofrecer su «pick up», su casa, sus recursos para finalizar la larga jornada electoral dividida en dos partes y sometida a sobreesfuerzos.

Parecía ilógico que si el FMLN era el favorito en las encuestas hablara de fraude, pero la población lo sabía mejor que el FMLN, miraba en un banco una sola persona pagar decenas de DUI; lo sabía cuando en su vecindario se transformaban los espacios en dormitorios de personas que habitualmente no vivían allí; lo sabía por el familiar o por el vecino, por el motorista de un bus o de una ambulancia, por la compra de pintura y por el contrato para marcar postes y calles o cuando vio salir gente de furgones y bajarse agachados y entrar a mansiones de areneros.

Lo sabía por el robo de DUI en los buses o en las comunidades humildes; y ese saber de propia vista es lo que ahora le produce gozo profundo porque se sabe victorioso, doblemente victorioso y ese sentimiento es parte de una victoria moral.

“Yo no puedo esperar oyendo la radio o mirando la TV; dame una tarea que pueda hacer”, esa fue una frase común, pero otros y otras no buscaron que se les diera tarea, la asumieron y hasta en pijamas salieron a expresarse en contra del uso de vehículos e instalaciones estatales para concentrar a personas traídas de otros lugares.

Fue una verdadera avalancha que recuerda lo que Schafik nos decía en la campaña de 2006, “solo con una avalancha de votos rojos se vencerá el fraude”, y el pueblo lo hizo.

Salió pacíficamente, pero como celoso defensor de la soberanía enfrentó cualquier manifestación que le pareciera rara, extraña o tramposa, sin esa actitud del pueblo, quien sabe qué tendríamos ahora.

El domingo 15 de marzo pasó a la historia como día de hazaña, como Mauricio dijo, día en el que nace un nuevo Acuerdo de Paz, día de esperanza y de certeza.

Llovió temprano y en la noche, se sentía como si el llanto de nuestros héroes y mártires se hiciera presente desde el cielo y el pueblo caminaba como niño bueno y confiado con su vestido rojo, con banderas por las calles y plazas, era como un río crecido bañando la capital de abajo hacia arriba, buscando el Redondel Masferrer.

Eran grupos de vecinos, de amigos, de familias con sus niños y niñas sin temor de nada, con confianza plena y en ese ambiente ocurrió algo más inesperado; una respuesta madura de la candidatura de Arena; es algo así como vivir por un momento el lema de “otro mundo es posible”.

La jornada no terminaba aún para quienes habían madrugado a asumir su papel en cada Junta Receptora de Votos en los 460 Centros de Votación, decenas de miles de salvadoreñas y salvadoreños sabían que en sus manos estaba la culminación de una jornada de la que depende que Mauricio y Salvador reciban la credencial de Presidente y Vicepresidente de la República, a esas personas que desde la madrugada se adelantaron a cumplir su deber, nuestra gratitud y respeto.

El Salvador no estaba sólo en esto, miles de observadores internacionales y periodistas acompañaban el proceso y su presencia fue fundamental para esta batalla, ellos y ellas expresan la solidaridad y el compartir, ellos y ellas fueron parte de esta página gloriosa del pueblo salvadoreño; las misiones de la OEA, la Unión Europea, que acompañaron el proceso, sabían como se caldeaba el ambiente.

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