Netanyahu ya tiene gobierno en Israel

Por José Parra. Colaborador

Tel Aviv.- Tras seis semanas de intensas negociaciones con gran parte de los partidos políticos de Israel, el líder del Likud, Benjamin Netanyahu, tiene al fin en sus manos una coalición de gobierno que presentará la próxima semana.

Netanyahu consiguió a última hora el apoyo del Partido Laborista y está a unos días de convertirse en primer ministro, mes y medio después de realizadas las elecciones generales en el Estado judío.

El líder del Likud huye de su pesadilla de encabezar un Ejecutivo de mayoría estrecha derechista, lo cual sería criticado por gran parte de la comunidad internacional porque frenaría el proceso de paz con los palestinos.

A falta de la inclusión de una o dos facciones más, 66 de los 120 diputados de la nueva legislatura del Parlamento pertenecen a la coalición, aunque algunos laboristas advierten que no votarán automáticamente a favor de las decisiones de su gobierno.

Para regresar a ser primer ministro tras su gestión 1996-1999, Netanyahu completó tres jugadas importantes.

La primera fue la más decisiva cuando hace seis meses boicoteó los intentos de la centrista Tzipi Livni de formar gobierno, tras la dimisión de Ehud Omert.

Convenció entonces al partido ultraortodoxo Shas para que no entrara en esa coalición, prometiendo un generoso acuerdo que ahora hace efectivo.

La segunda acción, la oficial y solemne, los comicios del 10 de febrero en los que pese a no ganar, el bloque de la derecha obtuvo mayoría.

Y el último paso fue convencer al líder laborista Ehud Barak para que siga siendo ministro de Defensa y traiga a su partido como “paraguas” de un gobierno visto en la zona y el mundo con muchos recelos.

Para ello, le ha dado cinco cargos ministeriales, colaboración en temas sociales y el compromiso a “buscar un acuerdo de paz regional”, una apetitosa oferta para atraer a los laboristas, divididos en torno a Barak, que deseaba desesperadamente seguir en el gobierno.

En una tensa y acalorada sesión celebrada la noche del martes en Tel Aviv, el 58 por ciento del Comité Central laborista aprobó el acuerdo entre Barak y Netanyahu.

Estos dos dirigentes, ex primeros ministros y ex miembros de la unidad militar de élite Sayeret Matcal, confiaron en el importante acuerdo de coalición y en el eterno apego del laborismo al poder y sus resortes.

El histórico partido que fundó Israel y sus principales instituciones (Ejército, sindicato.) se debatió entre perderse en el desierto de la oposición, liderada por la centrista Tzipi Livni, o ser la tabla de salvación del odiado rival de la derecha.

Barak se aprovechó del ADN laborista, alérgico a verse fuera del gobierno.

Desde hace semanas, Netanyahu quería al laborismo en su gobierno por dos motivos: la continuidad de Barak (“es el más experto y válido para el cargo”) y moderar o maquillar el gobierno que hasta entonces tenía una cara muy nacionalista.

Pero ahora los 13 escaños laboristas no son sólo maquillaje sino fundamentales ya que Netanyahu no ha conseguido convencer aún a varias facciones de la derecha para entrar en su coalición.

“Es una verguenza que Barak haya salvado a Netanyahu que sin el laborismo no tenía gobierno”, ataca Yoel Jason, el dirigente de Kadima, el partido de Livni.

La complejidad de la política y los ajustados resultados electorales provocan que Netanyahu forme el Gobierno con más ministros en la historia de Israel. Un Ejecutivo de 27 miembros, el precio que el líder del Likud debe pagar al resto de facciones para poder gobernar.

Un mal menor para Netanyahu que se enfrenta ahora a una posible rebelión de los dirigentes de su propio partido que ven y no se creen que las principales carteras ministeriales se van a otras manos.

“Ojalá fuera laborista”, dijo un dirigente del Likud aludiendo que pese a ser la cuarta formación, el laborismo ha obtenido cinco ministerios.

Otro líder del Likud, citado por la prensa local, fue muy duro con su primer ministro: “Netanyahu ha vendido t

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