El Salvador: Mirada a un país partido

Por Carlos A. Rosales

Por más de año y medio, la ciudadanía se vio sometida a un estridente monólogo por parte de la clase política nacional. Luego fue el turno del electorado de hablar, su mensaje fue claro: ¡Basta de pleitos estériles y pónganse de acuerdo!

Los resultados del domingo 15 le dieron un triunfo histórico al FMLN, con poco más del 51 por ciento del voto. Es la primera vez, desde que el FMLN se incorporó a la vida política legal, que la izquierda gana la conducción del poder ejecutivo, cerrando así un ciclo de cuatro gobiernos consecutivos de ARENA.

Las primeras horas después de la victoria rojiblanca han dado señales alentadoras. Consciente del escaso margen de victoria y de los difíciles desafíos por delante, el discurso de proclamación del candidato farabundista, Mauricio Funes, mostró pragmatismo y moderación, e incluyó un llamado a la unidad nacional.

Por su lado, el candidato tricolor, Rodrigo Ávila, no vaciló en reconocer la derrota y en anticipar el nuevo rol de ARENA como una oposición “constructiva y vigilante”. El presidente Saca hizo lo propio al felicitar de manera inmediata al nuevo presidente electo, y ofrecer su apoyo para una transición que genere estabilidad.

Varias cosas han quedado claras. Los salvadoreños tienen mayores niveles de madurez política y civismo que los dirigentes y activistas de los partidos en contienda. Los votantes acudieron a las urnas exhibiendo una conducta ejemplar, muy distinta a los desmanes protagonizados por militantes partidarios.

A pesar de la alcahuetería y múltiples tropiezos del TSE, previo al voto, la autoridad electoral salvadoreña cumplió su labor con transparencia y efectividad después del cierre de urnas. A pesar de los múltiples “faux-pas” por parte de la dirigencia efemelenista, la credibilidad e imagen del ahora presidente electo fueron suficientes para convencer al electorado que un gobierno suyo representaba el cambio de ruta.

Las intrigas en ARENA que generaron tardanza y dudas sobre la candidatura de Ávila, hirieron sus posibilidades de triunfo. A pesar de todo, Ávila hizo un esfuerzo valiente, pero insuficiente.

La alianza electoral con el PCN y el PDC también puede haber sido un error. Un arreglo político con fuerzas desacreditadas y ampliamente rechazadas por la ciudadanía puede haberse leído como una señal de debilidad.

Al final, Funes logró adueñarse del tema del “cambio”, a pesar de que ARENA trató de hacerlo en un comienzo, sobre todo, a la hora de argumentar la necesidad de incorporar a Arturo Zablah a la fórmula presidencial arenera.

Pero Ávila nunca logró (ni trató) de distanciarse del gobierno saliente, lo que habría sustentado un discurso de cambio. El mayor afectado por los resultados del domingo es Norman Quijano, a quien, como alcalde electo de San Salvador, le esperan tres años de intensa lucha contra un FMLN, cuya principal consigna será recuperar la comuna capitalina. Desde 1997, los capitalinos le han dado el poder municipal a la oposición.

El Salvador es un país partido en dos. Con el poder Ejecutivo en manos de la izquierda, pero sin control del poder Legislativo, los votantes le han dado a la clase política la obligación histórica de alcanzar acuerdos mínimos para resolver los problemas que afectan a la gran mayoría de conciudadanos.

Carlos A. Rosales es secretario particular de la presidencia de la república de El Salvador.

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