John Hope Franklin: La Muerte de un Gran Hombre

Por Mumia Abu-Jamal

Para historiadores de toda clase, el nombre John Hope Franklin (1915-2009) es uno que no se puede ignorar. Esto es en parte por que él fue presidente de la Asociación Norteamericana de Historiadores, (AHA), grupo de intelectuales de Estados Unidos que existe desde 1884.

Pero esta distinción resulta de su trabajo en los viñedos de la historia norteamericana, como correctivo a las mentiras sobre la esclavitud en Estados Unidos con su obra clásica de 1947 “De la Esclavitud a la Libertad”, que tomada con el libro del desaparecido historiador radical Herbert Aptheker “Sublevaciones de Esclavos Negros Norteamericanos”, sirvió para abolir las mentiras de la historia norteamericana que generaciones de historiadores hacían pasar como verdad a generaciones de estudiantes de Estados Unidos.

Franklin nació en medio de las llamas y el terror de los tristemente célebres “disturbios raciales” que consumieron a Tulsa, Oklahoma, que era entonces el centro de riqueza y éxito en los negocios de los Negros.

Periódicos e incluso libros los llamaron “disturbios raciales,” pero en verdad fué persecución contra los Negros por el gobierno estatal y por racistas que tenían envidia de lo que los Negros de Tulsa habían conseguido.

Que su obra clásica, De la Esclavitud a la Libertad, esté todavía en venta, más de medio siglo después de su primera publicación, es un testamento a su brillantez histórica.

Sin embargo, ése no fué mi libro favorito suyo. En 1999, Franklin y uno de sus antiguos alumnos, Loren Schweninger, publicaron Esclavos en Fuga: Rebeldes en la Plantación (Runaway Slaves: Rebels in the Plantation, Oxford University Press).

Es un libro tanto fascinante como, dado lo severo del tópico, sorpresivamente lleno de humor al exponer docenas de historias de los días de la esclavitud no conocidas hasta entonces.

Franklin y Schweninger investigaron en la correspondencia privada de los dueños de esclavos para descubrir sus preocupaciones reales. En una carta del 7 de abril de 1829 el plantador de algodón Joseph Bieller, de Louisiana, se queja amargamente de la práctica de sus esclavos de “tirar” sus chanchos.

Escribió Bieller, “He tenido un tiempo muy severo con mis Negros… ellos han estado tirando mis chanchos y marranos de un lado a otro.”

Bieller quería decir que los cautivos estaban amarrando a sus chanchos, los subían a los árboles y los hacían balancear como si fueran columpios hasta que los chanchos eran malogrados. En otras palabras, una forma de propiedad estaba destruyendo otra forma de propiedad.

El trabajo de Franklin también ilustra, mediante la re-impresión de avisos en los periódicos de esclavos que huyen, que toda clase de cautivos huía de su cautiverio; como lo muestran los términos usados para describirlos, tales como: “inteligente”, “ingenioso”, “perspicaz”, “orgulloso”, “astuto” y “agudo”, sólo para nombrar unos cuantos.

Entre ellos estaba toda la gama de vida de los esclavos: jóvenes, viejos, hombres, mujeres, africanos, mestizos, rebeldes, Tíos Tom, bién tratados o castigados. Y todos querían libertad.

Y quizás ésa fué la mejor contribución de Franklin — la sed de libertad que vibra en los corazones de los Negros desde 1619 hasta el presente.

John Hope Franklin tenía 94 años de edad.

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