¿No crucifican a Jesús los llamados cristianos una y otra vez?

Cada año la cristiandad celebra la Semana Santa desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección.

El Domingo de Ramos Jesús de Nazaret entró en Jerusalén montado en un asno, siendo aclamado por una multitud llena de júbilo, poco después tuvo lugar un cruel y terrible juicio ante la muchedumbre.

Cientos de personas habían conocido y escuchado a Jesús; habían oído Su voz de la que se cuenta que asombraba a las multitudes, pues Él no hablaba como los escribas en base a su cargo, sino que con el poder de Dios.

Muchísimas personas del pueblo vivieron en aquella época como Jesús les enseñó, pues El les trajo el gran amor del Padre y les enseñó que el Reino de Dios estaba en el interior de cada uno de ellos.

Sin embargo, cuando los esbirros del gobernador romano le aprisionaron, torturaron y condujeron al monte Gólgota, los que pertenecían a la masa del pueblo lo abandonaron, es más, negaron la relación que tenían con Él, para así salvaguardar su propia seguridad.

Claro que de esto hace mucho tiempo y muchos lo han olvidado; otros dicen que algo semejante no sucedería nunca más, ya que si hubiesen estado allí en aquel entonces, con toda seguridad se habrían puesto de parte de Jesús, el Hijo de Dios.

Las instituciones que se denominan Iglesias y sus creyentes han conmemorado durante 2000 años la pasión y muerte de Jesús y también celebran la resurrección del Cristo de Dios pero se han preguntado por qué año tras año simbólicamente vuelven a subir a Jesús en la cruz para crucificarle de nuevo.

Si la cristiandad fuera plenamente consciente de que Cristo vive en cada uno de nosotros, no haría falta representar tanto dolor, ni la crucifixión, ni la muerte de Jesús, pues El, que está resucitado, no necesita de ningún representación simbólica, El ya vive en nosotros.

Sin embargo la gran mayoría de entre los llamados cristianos siguen venerando al dios externo, es decir, al dios de las iglesias pues pocos han aceptado y cumplido las enseñanzas de Jesús de Nazaret; muy pocos han llevado al mundo al gran Portador de la paz, como un mensaje real de amor, de paz y de unidad. La mayoria de los llamados cristianos sigue crucificando cada día al Cristo de Dios.

Su enseñanza de la paz, de la unidad, del amor, de la reconciliación, de vez en cuando es predicada en las Iglesias, pero en primer plano están los dogmas, los ritos, los sacramentos, toda la enseñanza eclesiástica como tal.

Pero Jesús de Nazaret nunca fundó una iglesia de piedra, jamás habló de dogmas ni tampoco de sacramentos, el no nombró curas, obispos o cardenales, pues El fue un hombre del pueblo y no un hombre de iglesia.

Pero los dogmas se han adornado con las enseñanzas de Jesús, mezclandose de tal forma que para muchos creyentes es muy dificil ya distinguir qué es que, es decir, qué es cristiano y qué es catolico.

Los cristianos originarios en la actualidad, queremos rehabilitar la figura y la palabra de Jesús, también Su Sermón de la Montaña y desvelar algunos pasajes en los que se refleja la contradicción de las iglesias.

Para ello tomamos las palabras sencillas de Jesús: «Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos» (Mt 19, 24)…/… «Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, luego ven y sígueme». (Mt 19, 21-22) Con estas frases pensemos en la inmensa riqueza de la institución católica.

¿Se atiene ésta a lo que enseñó Jesús de Nazaret? ¡No! Él nos enseñó lo siguiente, tal y como podemos leer en el Evangelio de Mateo: «No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban. Donde está tu tesoro allí estará tu corazón». (Mt 6, 19-21)

Jesús también nos enseñó lo siguiente: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como ellos e

You must be logged in to post a comment Login